CÓMO MANEJAR EL ESTRÉS
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En el mundo la gente sufre cada vez más del estrés, aunque no se quieren estresar, igual sucede involuntariamente. Sin embargo, sí se puede controlar.
Uno de los factores principales es que a menudo se siente que nuestro valor propio está determinado por la cantidad de cosas que logramos HACER, como si lo más importante en la vida fueran los logros físicos.
¿Por qué consideramos tan importante lo que es la acción?
La acción ha llegado a ser una de las grandes adicciones del mundo actual. Quizás los seres humanos modernos nos valoramos en función de lo que se ha logrado hacer, cuando ha habido éxito, y la cantidad de cosas que se lograron terminar, es decir por el resultado, y no se valora tanto el proceso por el cual se pasa a la hora de vivir las acciones...
Es como si huyéramos de nosotros mismos a la hora de actuar: “no tengo tiempo” ha llegado a ser la excusa principal. Parece que la gente siente que no tiene tiempo para reflexionar ni para meditar.
Si se empieza a analizar las prioridades propias, y cómo uno usa el tiempo, se podría ver que las cosas en las que más tiempo se invierte no son necesariamente las más importantes para el ser. Es como si la razón, los hábitos y el corazón no estuvieran de acuerdo.
Para manejar el estrés hay que observar cómo uno se relaciona con la acción, con el tiempo y cómo son las reacciones propias.
Es importante fijarse en los pensamientos. Uno es el dueño de los propios pensamientos, nadie se los puede arrebatar, pensar es un derecho imprescindible e individual. Sin embargo, hay que utilizar nuestros derechos. En caso contrario, por ejemplo, es como saber que uno tiene el derecho a votar, pero no vota, así que no lo ejerce, y por lo tanto no se disfruta.
Se tiene forma de responder muy automática a nivel de los pensamientos, y así, cada vez que uno se enfrenta con una dificultad se tiene la tendencia a reaccionar negativamente: irritándose, con miedo, con falta de confianza hacia el propio ser, sin respeto hacia los demás, etc.
Para pensar positivamente en los momentos, cuando todo esta complicado, uno se lo tiene que proponer con mucha determinación!
Lo que más estresa es la negatividad!!!
La primera persona que se traga la negatividad es uno mismo.
El ser al pensar en algo entra en ondas – vibraciones - distintas. Por ejemplo: las ondas de la ira son muy aceleradas, y no se pueden desacelerar fácilmente, sino que hay que pasar por todo un proceso, hay que ir paso a paso, para bajarse del enojo.
Al no fijarse en cómo uno se siente, de repente se da cuenta que está muy triste, pero no sabe todos los pasos que dio para alcanzar dicho estado interior.
La libertad sólo se puede ejercer con conciencia. Si uno no tiene conciencia de las propias acciones y reacciones uno pierde la libertad, porque uno no piensa y no decide activamente.
Todo ello está relacionado también con el concepto de lo “mío”: mi opinión, mi forma de ser, mis cosas, etc. Mientras más hay este sentimiento de posesividad más vamos a sufrir, porque el estrés está casi siempre relacionado con el sentimiento de querer controlarlo todo.
Soltar lo “mío” no es lo más fácil, pero es una forma de cambiar el hábito de estar estresado. Con el “control” y lo “mío” hay mucho miedo; miedo a que no ocurra lo que queremos, miedo al fracaso, etc. El miedo nunca puede crear satisfacción.
Los malos hábitos es bueno cambiarlos y hay que hacerlo con mucha atención porque uno fácilmente vuelve a caer en lo que hacía antes.
Los malos hábitos crean negatividad tanto en las relaciones, como en la forma de pensar, etc. por lo que se debe observar cómo piensa, cómo habla, cómo interactúa.
Otro aspecto importante es la fe en si mismo o auto confianza. Cuanto más confías más fácil es, cuanto menos confías más difícil es creer en los demás y también creer en que sí se va a poder.
Por lo general no se funciona bien bajo presión, pero como uno está muy enfocado hacia los resultados la tendencia es de sólo ver cantidad y no calidad.
Falta la fe de que las cosas pueden salir bien. Cuando se tiene más fe, uno ya naturalmente se tranquiliza y el estrés disminuye. Porque cuando esta la idea que algo no va a salir bien, el miedo a los resultados es algo que agota mucho.
El estrés causa estrés.
Por lo que hay que imaginarse cómo sería uno mismo si estuviera tranquilo: cómo quisiera relacionarse, cómo quisiera pasar el día.
Cada cual se estresa por cosas diferentes. El límite de la paciencia que se tiene corresponde al momento en que me estreso mucho y donde empiezo a sufrir y doy sufrimiento a los demás.
Es muy importante observar que muchos de nuestros problemas tienen varias soluciones, pero uno es tan apegado a que las cosas salgan como uno quiere, que no se ven las otras opciones, que sin embargo existen, cuando uno logra mantener la paz ve varias soluciones a cualquier circunstancia.
Cuando se llega al momento de enojarse, es bueno recordar y entender que el enojo “se cocinó” segundo tras segundo. Porque además la otra persona reacciona progresivamente de acuerdo a “los olores de la comida” que le llegan.
Mientras más nos ponemos en situaciones difíciles, menos margen tenemos de reaccionar con tranquilidad y correctamente.
Cualquier persona quiere ser feliz o estar en paz, pero no se sabe como hacerlo bien. Entonces, cuando una persona lo está hiriendo a uno, o está agresiva, lo deseable sería que se pudiera desarrollar paciencia, buen humor, etc., así, de esta forma, el otro también va a empezar a reaccionar de esa manera.
Uno se predispone internamente a las diferentes reacciones y relaciones que tenemos, por lo tanto somos responsables de los estados internos que se manejan es como cuando invitas a alguien a la casa, luego no le puedes decir ¿por qué entró?.
El ser es muy sutil y sensible. Lo más sensible del ser humano es su mente, reacciona muy rápidamente y todo tiene un impacto sobre ella, positivo, o negativo. Por lo tanto, si nos cuidamos más, se pondría más atención a darle a la mente sólo experiencias positivas. Por lo tanto, uno debe realmente elegir no enojarse y no estresarse.
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