Cómo
vivir feliz
Universidad Espiritual Mundial Brahma Kumaris
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La
introspección, la meditación nos permite manejar las riendas de nuestra
personalidad y de nuestros propios poderes internos. Esos poderes están
ahí pero ¿dónde? Están
adentro de nosotros pero se requiere de muchísima precisión para poder
usar nuestras propias facultades y saber cómo hacerlo.
Una
persona que se enoja fácilmente con los demás puede rectificarlo en sus
relaciones. Sin embargo, tal enmienda no consiste únicamente en no hablar
y no mostrar enojo sino que se trata de todo un trabajo interior requerido
para poder alcanzar un estado de armonía.
Dentro
de nuestro ser existen muchísimas capacidades, poderes, fuerzas,
cualidades. Pero ¿dónde están? Volver nuestra mirada hacia adentro es
parte del proceso de meditación y conocimiento. Conocerse por medio de la
autocontemplación y la observación nos permite entender cómo podríamos
llegar a ser.
Los
niños, por ejemplo, en forma natural imitan a sus padres en distintas
actividades y actitudes. Así, existen familias donde el abuelo, el hijo y
el nieto son pintores, músicos, zapateros, etc.
Lo
mismo ocurre cuando se tiene una relación con Dios. Dios es muy real y en
la medida en que se tenga una relación real con él se puede llegar a ser
lo que se desee ya que Dios es el único ser que lo puede enseñar porque
tiene control , autoconocimiento y nunca es infeliz.
Consecuentemente,
Dios es el único ser que podría enseñar cómo se logra este poder.
Para
aprender algo se necesita de un buen profesor. Por ejemplo, si se aprende
un idioma de alguien que no lo habla bien, no se podrá superar el nivel
del maestro ya que no se tienen las pautas para ello, independientemente
de que se tenga una enorme facilidad para aprender.
Los
seres humanos se pueden inspirar unos a otros a través de las vivencias
de sus cualidades, de la armonía de su personalidad.
Aprender lo que sería no tener nunca ningún momento de
infelicidad, sería una gran adquisición que sólo se puede lograr con un
modelo que lo tiene y lo vive.
Cuando
se empieza a entrar en este proceso, se despierta la importancia de la
relación con el medio ambiente y con todo lo que rodea al ser porque es
cuando se enfrenta a la realidad que lo circunda y que prueba la fuerza de
su felicidad interna.
Hay
influencias que afectan la conducta de las personas. Por ejemplo, una mujer tiene ciertos estereotipos de cómo
tiene que ser una mujer y si no empata con éstos se siente mal.
De igual manera, un hombre tiene que ser casado y tener hijos,
pues, de lo contrario, se considera un fracasado.
Cuando
se camina dentro de un proceso de felicidad, se debe reconstruir la relación
con el mundo circundante pues sino se podría caer bajo la influencia de
modelos que conducen a situaciones contrarias.
Se
hace necesario entonces romper con los modelos que no son buenos y a la
vez tener el poder de no dejarse influenciar más por ellos.
Es
posible tener el poder de no dejarse influenciar por el mal humor, los
celos, la comparación, la ira, todas las cosas que son destructoras
totales de la felicidad y en eso consiste la magia.
Cuando
se comienza a vivir orientándose en esta dirección, se puede ver cada
vez mas de cerca la belleza que podría tener la vida y eso, a la vez,
hace a las personas muy felices.
La
sensación de progreso da felicidad, pero cuando se tiene un sentimiento
de estancamiento, no la hay. En el ámbito espiritual, se vive la
experiencia de estarse desarrollando, de estar haciendo esfuerzos, de
estar avanzando, de que hay un mejor entendimiento, de que hay una mayor
capacidad.
Experimentar la felicidad espiritual
Cuanto
más se acerque la persona a lo que quiere alcanzar y sienta que no está
tan alejada, al encontrarse frente a tal descubrimiento, y ver que es
posible, más la embargará un sentimiento de felicidad.
Por
causa de la naturaleza del mundo en que se vive, la gente tiene tanto
miedo a no poder alcanzar lo que desea que se propone metas muy pequeñas,
las cuales usualmente no la satisfacen.
Es
necesario volver a darle un sentido espiritual a la vida, lo cual puede
traer mucho gozo. De hecho,
muchas de las palabras espirituales son de gran belleza: dicha, gozo,
alegría suprasensorial, serenidad.
Este
tema de la felicidad tiene muchos matices.
Sin embargo en la “vida real”, en la calle, estos matices
desaparecen, es decir que la felicidad se obtiene a través de los objetos
de satisfacción y la alegría es prácticamente inexistente.
No
obstante, es hermoso también experimentar la satisfacción interna de
poder reencontrar todos los matices y los distintos colores de la vida.
Hemos aprendido una felicidad relacionada con la satisfacción
que da la vida por medio de objetos de felicidad.
Con frecuencia, se trata de una felicidad de índole compensativa,
por ejemplo, comer un chocolate. Todo anda mal, pero el chocolate es muy sabroso.
Este tipo de felicidad es un fenómeno relativamente adictivo.
Por lo tanto, cuando la observación permite ver la
diferencia entre este tipo de forma de ser y lo que sería la felicidad
real, es posible descubrir que el propio posicionamiento es clave: yo soy
aquel que puede ejercitar su felicidad interior y éste es el logro de la
felicidad.
Es importante mantener internamente los ojos abiertos para
poder ver todos los distintos aspectos que influyen en la vivencia propia,
en la constante creación de pensamientos, sentimientos y estado interior
adecuado.
También es importante tener
un cuadro de comparación propio para saber lo que produce beneficio y lo
que hace daño, de manera que la persona pueda abandonar las conductas
contraproducentes destructoras de la felicidad.
La
importancia del autoconocimiento
En la etapa de logro de la
propia riqueza es esencial autoconocerse.
Empezar a descubrir sin miedo, tener la valentía de enfrentar y
reencontrar en el propio ser estas grandes capacidades, potenciales y
cualidades que se deben armonizar y equilibrar para poder alcanzar un
estado de felicidad estable.
La felicidad tiene un
ingrediente invisible muy espiritual, que quizá en ocasiones no es tomado
en cuenta.
En el desarrollo de la vida se
han identificado elementos externos como fuentes de felicidad, ya sean objetos o personas.
Por ejemplo, comer algo sabroso, ver algo hermoso, estar con gente
agradable, adquirir artículos nuevos, etc.
No se trata de dejar estas
cosas, sin embargo, es importante comenzar a tener una relación
sana con los objetos de felicidad, porque una de las consecuencias de no
hacerlo es que las personas pueden exceder la “norma saludable” de
relacionarse con estos elementos.
Actualmente,
es frecuente la presencia de enfermedades como el colesterol elevado, la
gota, la diabetes y, sin
embargo, quienes padecen estas dolencias no dejan de ingerir dulces.
El
ejemplo anterior demuestra que lo que en principio fuera identificado como
un objeto de felicidad, relativamente sencillo y sano, ha sido
transformado por la relación de dependencia en una fuente de sufrimiento
y personas que sufren de diabetes podrían experimentar incluso la
amputación de alguno de sus miembros.
Es importante ver cuan fácilmente lo que se ha
identificado como felicidad ha resultado ser un método de adicción a
objetos o personas. Desdichadamente, no hay disposición para ver esta
situación porque existe el sentimiento de que eso significa estar
contentos, de que eso es felicidad.
Actualmente,
la duración promedio de una pareja (contando a todos los que viven juntos
toda la vida) es aproximadamente de seis meses. (OJO
VALERIANE: esto no queda claro, ¿cómo es que la duración de una pareja
es de seis meses si han vivido juntos toda la vida? Habría que explicarlo
mejor).
Disfrutar
sólo del enamoramiento es querer jugar únicamente con los encantos y
resistirse a asumir responsabilidades.
Cuando
desarrollamos más madurez espiritual y más entendimiento acerca de
nuestros propios procesos, empezamos a tomar las riendas de nuestra propia
vivencia y personalidad.
Uno
es responsable de lo que siente y de lo que piensa. Es importante no sólo
saberlo, sino también ver que si uno es responsable de lo que siente, hay
ciertos sentimientos que uno no debe, ni quiere, ni puede sentir.
Por
ejemplo, uno puede observar la forma en que uno mismo reacciona ante
ciertas situaciones, por ejemplo, el enojo frente a ciertas situaciones ¿Qué
hace uno cuando se enoja? La ira se sienta adentro de la cabeza y pone sus
propios cuadros y empieza a poner sus propios olores y marcar su
territorio y uno se pone de mal de humor.
En
ese estado uno hace cosas que realmente sabe que no son correctas, ya que
si uno tomara el tiempo de mirarse, de observar lo que está haciendo sabría
que no es correcto.
Pero
lo que sucede es que la parte de la conciencia en aquel momento ya está
afuera y el que reina es el mal humor, el malestar, por eso es que en
estos momentos es importante tener la capacidad de reencontrar la propia
verdad.
Descubrir la verdad del ser
Espiritualmente
la verdad del ser no es la parte negativa, sino que es la parte capaz de
juzgar con bondad, de escuchar, de sentirse bien, de sentirse tranquila.
Es
importante que nosotros empecemos a tener control de estos sentimientos,
porque, por lo general, lo que nosotros decimos es: “estoy de mal humor
y qué. Yo tengo razones de estar de mal humor” y así nos mantenemos
nosotros mismos en esta atmósfera pensando en que tenemos excusas.
Uno
no puede estar de mal humor y ser feliz al mismo tiempo. Lo que uno tiene
que hacer es mantener una parte de la conciencia siempre limpia, para
reconocer la parte que nos está influenciando.
Hay
influencias internas o externas que no son adecuadas. Uno tiene que tener
la claridad y la honestidad para reconocerlas y también tener la
fortaleza y el amor para sí mismo suficiente para removerlas.
Sin
fijarnos, estamos creando y dejando adentro de nosotros una atmósfera que
nos hace bastante daño.
Por
eso, para volver a ser feliz tenemos que poseer esta limpieza interna que
nos permita mirar en qué momento estas influencias son buenas o malas
porque, en realidad, uno no cambia de hábito porque alguien le dice a uno
que le hace daño, es sólo cuando uno mismo se da cuenta de que ésto le
perjudica y empieza a decirse que los celos, la ira o cualquier otro
sentimiento negativo hace daño y que por eso los va a dejar.
Sólo
cuando uno empieza a fijarse y compararse con los demás es posible ver la
propia falta de autoestima y el deseo de aumentarla.
Debemos
empezar a juzgarnos a nosotros mismos en vez de hacerlo con los demás.
Uno debe conocer, dentro de la complejidad de la personalidad, las partes
que, de repente, se ponen en marcha y le roban la felicidad a uno, con el
fin de anularlas y más bien despertar voluntariamente las que le hacen
felices.
Otro
ejemplo es el de una persona muy amorosa. Si uno es muy amoroso, por lo
general también sufre fácilmente porque cuando los demás no
corresponden o lo tratan mal, uno lo siente.
Es
importante que nosotros empecemos a entender que tenemos una cantidad de
cualidades, virtudes, capacidad y actitudes que tenemos que mantener en
equilibrio.
Por
ahora, nuestra tendencia es estar ciegos a lo que pasa en nuestro
interior, por lo que debemos abrir nuestros ojos y poco a poco ir
entendiendo que en realidad la vida es cómo yo me desempeño en
ella.
Imagínense
un actor que está en el escenario y que diga: “me dieron este papel
pequeño, pobrecito yo”. Sería
un pésimo actor, estropearía la obra. Un buen actor, aunque haga un
papel pequeño, hará una obra de arte, ya que lo procesa, lo vive
internamente. Es igual con la vida.
Desear ser feliz
Todos
nosotros tenemos situaciones difíciles, pero la forma en que uno carga la
situación, según la forma cómo uno se desempeñe, puede hacer que ésta
parezca una obra de arte o una pesadilla.
Cuando
estamos en la acción, es muy fácil que a uno se le olvide que uno es el
sujeto que vive la acción. Es decir, que cuando hay que cocinar, barrer,
uno se olvida que cocinar o barrer son cosas físicas que hay que hacer,
pero lo más importante es la forma interna en que uno lo hace, lo que
piensa cuando lo hace, el amor y la belleza que le da a la acción.
Cuando
nos dejamos llevar por la acción por lo general nos olvidamos de cómo
desempeñar esa acción porque estamos llenos de automatismos.
Entonces
no somos felices porque perdimos el uso de la conciencia. Un pensamiento o
una emoción de calidad no van a venir automáticamente, vienen porque uno
lo crea conscientemente y la conciencia no se compra en la farmacia sino
que requiere un grado de atención, de determinación, de amor propio, de
conciencia y la capacidad del conocimiento.
Ser autosoberano
El
pensamiento positivo no es una receta de cocina que uno puede aplicar. Es
realmente un esfuerzo, un trabajo que, si uno lo hace a diario, puede
alcanzar el resultado de estar totalmente libre del mal humor.
Claro
que uno puede sentir momentos en que podría llegar a influenciarle el mal
humor, pero es uno se da cuenta de que uno es un rey de sí mismo, los
cual se aprende mediante el Raya Yoga en la Universidad Mundial Espiritual
Brahma Kumaris.
De
este modo, uno podrá tener la autosoberanía de decir: “eso no es lo
que yo quiero, eso es contraproducente. Esa es la parte débil mía que se
sintió amenazada y por eso reaccionó negativamente”.
Así
uno empieza a tener tal contacto consigo mismo que le permite experimentar
no sólo el pensamiento positivo sino muchas más cosas internamente que
le permiten valorizar, priorizar y poco a poco lograr una vida con más
orden en los pensamientos, sentimientos, relaciones y la forma en la que
uno se maneja.
Esta experiencia es una cuestión de consecuencia.
Entre más placer haya en el trabajo de interior mejor serán los
resultados. Entonces, uno debe ser consecuente y realmente no querer estar
de mal humor.
Por eso, cuando veás al mal humor en la esquina le
decís “te ví” y así se desarrollará una visión de no víctima
pero sí de juego. Una visión donde te harás amigo de vos mismo y te
podrás reír de vos mismo.
De este modo, podrás plantearte hacer un complot
contra la ira, contra el apego y la arrogancia.
Sería
interesante saber cuáles son las gamas de la negatividad que entran en
uno mismo, cuáles son las propias puertas y las de los demás. Uno tiene
que ver qué es lo que me pone de mal humor y por qué, cuál es la parte
débil en mí para poder sanar y poner un vigilante frente a esa puerta
para no dejar entrar a nadie.
Cuanto
más poderosa es la experiencia de la positividad más fuerza tendremos
porque es tan fuerte lo positivo que le da a uno el poder de deshacerse de
las influencias.
Tener el poder de no dejarse
influenciar por el mal humor, los celos, la comparación, la ira, todas
cosas que son destructoras totales de la felicidad, es posible y hacerlo
es la magia.