La
Importancia del Amor Incondicional
Universidad Espiritual Mundial Brahma Kumaris
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“Internamente,
el amor es una de las cualidades esenciales del ser. El amor es, en
realidad, uno de los poquitos ingredientes que constituyen el alma: el
amor es realmente lo que soy. Soy paz y también soy amor”.“La
identidad espiritual, la capacidad de realmente ser, vivir y experimentar
lo que verdaderamente yo soy es lo que nos va a permitir empezar a
desarrollarnos de otra manera”.
“Cuando
el ser empieza a percibir internamente su propio poder de amor y su deseo
de amar se encuentra en una situación complicada porque el amor que ha
aprendido es de otra calidad. Por lo tanto, la forma en que podemos
reaprender el amor incondicional es en la soledad. Cuando el ser tiene
cierto grado de soledad interior puede interactuar con los demás pero no
deja que el amor se vuelva condicional”.
¿Qué
es el amor? Es algo que viene de la experiencia. Es un sentimiento, hay
que experimentarlo con el corazón, con la mente para saber qué es.
Esta
experiencia tiene dos partes: la primera es la de recibir el amor y ser
amado. La segunda es la de dar el amor y ser amante.
Nuestra
experiencia tiene ambas partes pero hay una amplia gama de las diferentes
calidades del amor.
Existe
una calidad baja cuando se trata de un amor limitado y con muchas
condiciones. Por ejemplo, quiero a un amigo que tenga cierta clase social,
ciertas condiciones económicas, que viva en determinado lugar, etc. Cada
nueva condición hace que la calidad de este amor baje aún más.
Pero,
cuando se disminuyen las condiciones para poder amar significa que hay
menos resistencia en lo que uno quiere dar.
Si
lo que yo quiero dar es amor pero quiero poner trabas en el camino, en
realidad yo no quiero dar nada, lo que quiero es recibir. Más bien quiero
recibir cosas que he creado como necesidades mías y las recibo bajo la
excusa del amor.
¿Cuál
es el amor más incondicional? El de Dios, después el de los padres hacia
los hijos y de los hijos hacia sus padres especialmente cuando están niños,
porque están llenos de pureza.
Pero
en el amor padres-hijos ya existen algunas condiciones, entonces no es
totalmente incondicional.
En
cambio, el amor incondicional se prolonga en el tiempo y la calidad de ese
amor no cambia.
Buscar
la esencia
En
el ámbito espiritual, no existe la relación de dar y recibir, el amor
está enfocado hacia el objeto de amor pero no está relacionado con lo
que es ese objeto de amor.
Si
queremos que nuestro amor sea incondicional tenemos que ir a la esencia y
preguntarnos ¿Quién es este ser como alma? sin considerar condiciones
como cuál es su color de piel, su estado social, etc.
Si
podemos quitar estas condiciones, no fijarnos en estos aspectos y poder
apreciar la belleza o demostrar amor siempre y cuando yo esté lleno de
amor eso será un amor incondicional.
El
amor de Dios es incondicional, es eterno. El alma es amada por Dios
eternamente sin importar quién fue, quién es y quién va a llegar a
ser.
Dios
me ama porque soy su hijo y este hijo sabe que su padre lo ama. Y este
amor es el que hace que podamos aprender a amar.
El
amor de Dios es como una fuente que esta saliendo incondicionalmente.
El
me ama incondicionalmente pero yo recibo condicionalmente. Por eso, hasta
que quite las condiciones de ser amado por Dios no podré tomar el amor
incondicional que él tiene para mí.
Debo
sentirme yo lleno del amor de Dios para poder darlo, para poder emanarlo
de forma natural.
Amarse
a uno mismo
¿Cómo
nos amamos a nosotros mismos? Para apreciarnos a nosotros mismos, para
tener una verdadera relación de aprecio, de sentirnos verdaderamente
orgullosos, hemos puesto muchísimas condiciones.
Por
ejemplo: yo me amo cuando siento que valgo algo, cuando soy capaz
de recibir el amor del otro, etc.
En
nuestra propia conciencia hemos creado unas condiciones que ni siquiera
conocemos conscientemente.
Cuando
el ser empieza a investigar dentro de sí mismo se da cuenta de que, en
realidad, le gusta sentir amor tanto para él como para los demás.
A
menudo tenemos la tendencia a buscar razones por las cuales nos podemos
amar.
Internamente,
el amor es una de las cualidades esenciales del ser. En la Universidad
Espiritual Brahma Kumaris se practica el Raja Yoga como método de
meditación, el cual enseña que el amor es, en realidad, uno de los
poquitos ingredientes que constituyen el alma: el amor es realmente lo que
soy. Soy paz y también soy amor.
Pero,
para ser amor debo ser muy consciente de lo que soy fuera de todo lo que
tengo.
Entrar
adentro de la flor de nuestra propia identidad para sentir quiénes somos
parece fácil, pero no podemos quedar pegados en los pétalos, en la
identidad de lo que creemos que somos.
Por
eso la identidad espiritual, la capacidad de realmente ser, vivir y
experimentar lo que verdaderamente yo soy es lo que nos va a permitir
empezar a desarrollarnos de otra manera.
Debemos
dejar los pétalos de lo que creemos que somos y ser una rosa tan abierta
que se le caigan esos pétalos.
El
amor de un niño es tan puro de una calidad tan alta que muy fácilmente
lo que otra persona quiere darle como retorno es amor igualmente puro.
Cuando
uno habla de amor incondicional se concreta la idea de que yo puedo
encontrar en mí razones para sentir amor siempre hacia alguien, hacia mi
trabajo, hacia la naturaleza. No dirigimos ese amor sino que lo sentimos y
lo emanamos.
Dar
amor o necesitar amor
Usualmente,
para poder sentir amor necesito enfocarlo hacia una persona porque esa
persona me llama, me gusta pero esa situación es un poco egoísta.
Es
como si adentro de la fórmula de nuestro amor en vez de que este amor
emane de mi ser es un amor que esta atraído por alguien, por algo que
despierta en mí un bienestar.
Este
ser que empiezo a querer o a necesitar empieza a ser una relación de
necesidad y esto es de lo más grave del amor condicional.
Estamos
mutuamente amarrados y esto se llama apego. En nuestra civilización apego
y amor es lo mismo, pero son muy distintos.
El
amor incondicional sería el no poder no amar, entonces por eso amo a la
flor, a los otros, a los animales, etc.
Sin
embargo, vivimos en un mundo condicional y hemos aprendido a amar
condicionalmente, hemos heredado de los otros las condiciones, la ausencia
de libertad.
Cuando
el ser empieza a percibir internamente su propio poder de amor y su deseo
de amar se encuentra en una situación complicada porque el amor que yo he
aprendido es de otra calidad, por lo tanto, la forma en que podemos
reaprender el amor incondicional es en la soledad.
Esto
es una paradoja porque si no mantenemos cierto grado de soledad, de nuevo
nos enganchamos uno del otro, positiva o negativamente.
Cuando
el ser tiene cierto grado de soledad interior puede interactuar con los
demás pero no deja que el amor se vuelva condicional.
Cuando
el ser tiene conciencia de sí mismo en soledad interna está en una
posición en que puede tener un amor ecuánime.
Ser
un “observador desapegado” significa que puedo apreciar a cada actor,
a cada escena, puedo ver la belleza y la magia detrás de ella pero no me
voy a apegar a la obra de teatro pero, para ello, es muy necesario tener
un alto grado de honestidad.
Cuando
se está “enganchado” de alguien hay una parte que es muy agradable
pero también hay una parte nociva que nos puede intoxicar, que nos pone
preocupados, etc.
Cuando
aprendemos a tener este estado de amor como una estrella o un sol que
ilumina a todo el mundo por igual aprendemos a
reconocer las especialidades de cada uno: la generosidad, de éste,
la dulzura de aquél, la generosidad del otro y ver que hay variedad y uno
puede amar la variedad.
Amar
libremente
Una
de las temáticas esenciales del amor incondicional es reencontrar una
personalidad totalmente libre de arrogancias, este ser que soy yo
totalmente libre de límites, de pretensiones y liberarme de los
espejismos de mis papeles.
Debemos
llegar a entender que tenemos que sanarnos. El amor es tan maravilloso que
sigue siendo el motor de las mayores tonterías que hacemos pero si pudiéramos
aprender un amor despojado de todos los límites y sufrimientos estaríamos
realmente ganando una increíble riqueza. Se dice que no importa ser pobre
pero si uno es amado se siente rico.
¿Cómo
podemos llegar a sentir estas riquezas?
El
amor de Dios es maravilloso pero debemos revisar las condiciones de mi
propio amor hacia mí mismo porque si todavía condiciono el amor a mí
mismo no voy a poder sentir el amor de Dios.
Cuando
hay amor se pierde la noción del límite, se funde uno en el otro, se
mezcla. Uno pierde la noción del tiempo, del hambre, del cuerpo.
Con
Dios la forma mas mágica de curar al ser, al alma es poder entrar en esta
comunicación, en esta fusión.
Si
el alma logra acercarse de tal forma que se siente compenetrada con él
eso tendrá un gran impacto y es ese impacto es el que sana de las
ilusiones, de los espejismos y engaños.
Eso
es algo que uno encuentra en su interior y por eso es que la meditación
es una buena forma de hacer esto ya que mediante ésta uno dirige la
atención hacia su interior y descubre todo su potencia.