LIBERARSE
DE LOS LÍMITES DEL EGO FALSO
Universidad Espiritual Mundial Brahma Kumaris
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Primero
una pequeña definición de lo que es el ego. El ego es lo que nosotros
creemos ser. Creer que se es “algo”, es tan fuerte que muy a menudo la
creencia no nos permite ver más allá.
Obviamente
una de las grandes fuentes de crecimiento del ego falso es la identificación
al cuerpo, y la mejor forma de vencer al ego falso es volver a la
conciencia espiritual, a la conciencia del alma.
Todos
nosotros llevamos una vida entera de estar en este cuerpo, y toda una vida
de escuchar: “tú te llamas Nidia”, “tú eres mi hija”.
Por otro lado, en la Iglesia nos dicen que estamos hechos a imagen
y semejanza de Dios, pero nos lo dicen una vez por semana, mientras que el
hecho de ser hijo de tu madre y de tu padre es algo que creemos muchas
veces por día.
Entonces,
obviamente la estructura de nuestra identidad está muy relacionada con el
hecho de ser fulano, de ser hombre o mujer, joven o viejo, tener una u
otra profesión, tener estudios en determinado campo, tener uno u otro
ideal político y de mi novia sea de un aun otra manera.
Nuestra
identidad está basada en el tener. Para volver a lo que es la identidad
espiritual uno tiene que volver a la identidad basada en la experiencia de
ser.
Ser
o tener, ser o hacer. Hacer o tener, son dos particularidades que no
tienen que ver con el ser.
El
ser utiliza el hacer para expresarse, utiliza el tener para su
sobrevivencia física, pero no está limitado a eso. En la realidad
espiritual la persona no está delimitada por su tener o su hacer, antes
bien, resulta coloreada, afectada, influenciada por estas cosas.
En realidad uno no percibe la profundidad de la identidad
espiritual. De hecho en el camino del Raja Yoga se plantea la idea de que
el ser es una chispa espiritual eterna totalmente única. Sin embargo cada
vez que decimos “yo” ¿con qué nos identificamos? Con el cuerpo ¿verdad?
Por
lo tanto, a pesar de que intelectualmente uno puede llegar a tener una
cierta idea de la realidad, en la experiencia de la vida esta se borra,
volvemos a los hábitos del tener, del hacer, del parecer, de las
creencias que todo esto ha desarrollado en nosotros.
Nosotros
practicamos la meditación porque es por medio de la experiencia profunda,
continua e intensa de lo que es la realidad eterna, que se puede disminuir
el poder de la identificación basada en la realidad efímera del cuerpo
sobre el ser eterno.
Si,
por ejemplo, a alguien sus padres siempre le dijeron que era tonta, ella
termina creyéndolo. Y si luego en la escuela un profesor le dice que es
inteligente, no lo va a creer. Pasa lo mismo con nosotros, nos hemos dicho
continuamente que éramos esto o lo otro, por lo que volver a una
identidad real, verdadera, requiere un esfuerzo. Un esfuerzo placentero
definitivamente, un esfuerzo natural, pero sí un esfuerzo.
Si
seguimos caminando como siempre lo hemos hecho, todo va a seguir igual, si
continuamos actuando en nuestra vida personal con base en las creencias
resultantes de identificarnos no con lo que somos internamente, sino con
lo que somos efímeramente, entonces no funciona, porque podría ser que
dijéramos:”es bonito lo que estás diciendo, sin embargo yo soy una
mujer, yo soy mamá”.
La
forma en que entendemos este aspecto, es que cada uno está desempeñando
un papel. Por ejemplo: una persona es la madre de una niña que se llama
Sofía, pero en realidad no es la mamá de Sofía, porque quién creó el
alma de Sofía, ¿la madre física de ella o Dios? Es interesante, porque
en las creencias religiosas nos han dicho que Dios es el creador de todas
las almas, pero en la realidad práctica ¿quién es la mamá, quién es
el papá? Esto implica que la persona desempeña un papel, tiene un cuerpo
de hombre, es hombre, tiene un cuerpo de mujer, es mujer, pero en realidad
cada quien está desempeñando un papel y es como una actriz que ahora
tiene un cuerpo de mujer.
Según
se tenga cuerpo de mujer o de hombre, se despiertan adentro de nosotros
diversas tendencias, es decir, que internamente tenemos la capacidad pero
no lo percibimos sino hasta que eso se exprese en nosotros. Por ejemplo:
si se le dice a una persona que tiene la capacidad de ser paciente, pero
en realidad ella se considera una persona impulsiva, apasionada,
entusiasta, incontrolable, internamente se va a decir que no es paciente y
esto es así porque por la forma en que aprendió a desempeñar su papel
dejó que se expresaran ciertas tendencias de su personalidad.
Una
persona deprimida dice: yo estoy deprimida. Pero desde cuándo Dios ha
creado almas deprimidas, desde cuándo Dios ha creado almas violentas. Eso
no existe, eso es lo que nosotros hemos desarrollado en nuestro proceso de
socialización, en el proceso educativo, en el proceso de nuestras
identificaciones.
Por
lo tanto el proceso de la construcción de nuestra identidad es algo
sumamente interesante, porque es como el punto de partida de lo que sea
que digo, que hago, que siento.
La
tendencia nuestra es que cuando entramos en la acción nos dejamos llevar
por nuestros hábitos. Por ejemplo: desde cuándo un alma sin cuerpo fuma,
¿han visto a un alma fumar? No ¿verdad? Y nadie nació con un cigarrillo
¿verdad? Lo tomó después, pero ahora el alma dice: yo no puedo dejar de
fumar. Pero ¿desde cuándo no puedes?
Es lo típico de las creencias.
Nosotros
a veces en el estudio espiritual hablamos de las religiones del cuerpo,
porque creer que no puedes dejar de fumar no es una religión muy
espiritual, sino que es una religión del cuerpo. Por ejemplo decir: yo me
enojo porque soy así, o, yo soy así de tímido.
Lo
primero para llegar a percibir cómo es nuestra naturaleza, es darnos
cuenta y luego entender la libertad que tenemos, porque no somos libres
sino hasta que descubramos nuestra libertad. Si no la descubres te vas a
quedar solo con las creencias que tus papás y el mundo te aportaron, y
bueno, hay cosas muy buenas que nos dijeron nuestros padres, pero también
hay muchas que nos amarran, que nos impiden alcanzar lo que queremos
realmente alcanzar.
En
el proceso del desarrollo espiritual, por medio de la meditación, se
aprende a tener una percepción más poderosa de su propia identidad. Si
queremos realmente aprovechar todo lo que da la meditación, lo que hay
que hacer es ir a descubrir, investigar, encontrar, conocer. Esto no se
logra por milagro de Dios.
De ser así, hace mucho hace mucho que Dios lo hubiera hecho. El
profesor nos puede conducir hacia la puerta, pero si somos nosotros
quienes la abrimos, salimos a caminar, conocer, recorrer los senderos…
eso no es el profesor, sino el esfuerzo de ustedes. Si prefieren decir
“no tengo tiempo”, “voy a oír pero no a hacer”, eso es parte del
derecho de cada uno, y yo sé por mi propia experiencia que lleva su
proceso en donde hay momentos en que la persona no puede, y otro momento
en el que despierta espiritualmente y se fija de que lleva años de
escuchar estas cosas pero que no es sino hasta ahora que las entiende.
El
camino espiritual es muy interesante, y he visto en mi propia vida, que básicamente
estas creencias que tenemos son como anzuelos que atrapan nuestro
intelecto, y no podemos ir más allá de donde estos nos han amarrado.
Tales anzuelos pueden ser la relación que tenemos con nosotros mismos,
alguna creencia, el deseo de complacer a los demás, pueden ser miles de
cosas. Pero mientras no dejemos de creer no vamos a poder cambiar: si
creemos que somos eso no vamos a poder creer que somos lo otro; o hay luz
o hay oscuridad, no puede haber mitad y mitad.
Por
eso hay que entender que en el proceso espiritual, en su meditación, cada
uno de nosotros tiene el derecho y el poder de liberarse, pero hay que
hacerlo en este mismo momento. Y ¿qué significa liberarse?, eso es algo
que tiene que descubrir cada uno, descubrir a qué están amarrados sus
anzuelos. Estamos muy acostumbrados a tener el anzuelo de los ojos atraído
hacia una persona, hacia un nuevo carro o hacia cualquier otro objeto o
persona.
En
realidad nosotros tenemos las puertas de los sentidos abiertas, y las
puertas de la memoria y de los sentimientos a menudo también nos apresan.
Por ejemplo, si identificamos la felicidad con la amistad que mantenemos
con una persona determinada y solo queremos ver a esa persona, y pensamos:
¿“por qué no me llama, por qué no viene”? se crea una dependencia,
porque el anzuelo de lo que yo creo que es el bienestar mío depende de
una persona, que puede ser el amigo, un hijo, el esposo, un hermano, la
madre. Entonces a la hora de sentarse para tener una vivencia de este ser
eterno, lo que hay en la cabeza es el pensamiento acerca de una u otra
persona.
La
identidad de nosotros es una creación muy sutil basada en una vivencia
muy profunda, y por lo tanto sólo cuando la persona en la profundidad de
su corazón quiere descubrir lo otro es que lo va a descubrir.
Un
swami (maestro de la India) decía: “cuando los hombres quieran alcanzar
la paz, tanto como un hombre que está en el fuego quiere el agua, la
alcanzarán”. Por lo tanto: cuánto amor tenemos para la paz, o ¿sólo
la queremos como un anillo para nuestro dedo y ya? ¿Queremos o nos
hacemos los que queremos? Entonces el grado de honestidad, el grado de
compromiso es lo que define hasta dónde voy a llegar. Es como si yo
quisiera correr una carrera y en lugar de correr hacia la montaña, sólo
corriera tras el bus, no llegaría a la montaña.
Cabe
que nos preguntemos ¿Hasta dónde queremos llegar?, y en esto hay una
libertad absoluta, porque Dios es nuestro padre, y si realmente lo es, ¿no
somos como Él? ¿Se ha visto que un elefante tenga hijitos cobras? No.
Es decir que no tenemos experiencia de lo que es la identidad
espiritual nuestra, el verdadero ego, el verdadero yo. Pero si queremos
descubrirlo no podemos seguir creyendo algo falso, porque es incompatible.
Lo cierto es que llevamos años creyendo algo falso, y si algunos creen en
la reencarnación se transforman en miles de años. Imagínense lo
importante que es el desear con todo su corazón entender la verdadera
identidad. Para esto somos nosotros los que tenemos que tener la meta.
Cuando
una persona depende de otra, ¿qué ocurre?
Cada uno de nosotros sólo puede depender de sí mismo, y podemos
ser amigos, compañeros, casados, lo que sea, pero cada uno va a llegar
hasta donde sus pasos lo lleven.
En lo espiritual el peregrinaje es con el corazón, es con el
intelecto, es con la mente y es invisible, y no se puede obligar a nadie a
caminar este camino. Se puede inspirar, motivar, invitar, pero no obligar.
La
mejor forma de inspirar a los demás es mediante la propia vivencia. Si
somos de una forma determinada, los demás naturalmente lo ven, lo sienten
y naturalmente se inspiran de ello.
La
mejor forma de sentirse uno inspirado y de inspirar a los demás es por
medio de la experiencia, de la vivencia, porque en la medida en que seamos
rosas con una buena fragancia, los demás naturalmente se van a sentir
inspirados por esta, pero si en lugar de fragancia hay mal olor y digo que
amo las rosas, los demás se molestan. Las rosas siempre son fragantes, y
la fragancia del ser es la experiencia espiritual, la experiencia de la
paz, del amor, de la dicha, de la alegría, de la relación con Dios, de
la luz, de la verdad. Hay un muchas opciones, es ilimitado, pero eso no
significa que lo estemos haciendo.
Es
esencial aprender a proponernos y discernir internamente qué es lo que
nos está inspirando en el presente, qué es lo que emana de mí, porque
Dios no percibe los olores físicos pero sí la fragancia espiritual de
cada uno de nosotros. Dios puede ver la dulzura de éste, el amor de aquél,
la sinceridad del otro, la belleza de éste, entonces ¿qué prefiere
mirar Él? ¿Lo feo o lo bonito en nosotros? Él deja lo feo de lado y
mira lo bonito, y eso es algo que nosotros también tenemos que hacer con
nosotros mismos y con los demás.
Es
muy fácil ver los defectos, y quedarse con eso, porque el ego falso se
alimenta de eso, y nos decimos: “yo tengo tal defecto y a lo mejor no
medito todo lo que debo, pero mira a los demás, no hacen nada”.
Entonces mi bienestar interior está basado en mi percepción de la
negatividad de los demás, y si ustedes observan a menudo hacemos eso.
Decimos, “Esta persona tiene una gran fuerza interior, pero qué mal están
sus relaciones”. Esta forma de pensar es como una maldición para la
otra persona, por lo tanto tenemos que aprender el poder de los buenos
deseos, el poder del amor, el poder de la visión, ya que si miramos a una
persona de alguna forma determinada, ella va a empezar a sentirse así en
algún momento.
El
poder de la visión espiritual es algo muy importante.
En la medida en que veamos veo las cualidades o especialidades
espirituales, estas pueden empezar a emerger, pero si mi atención va
hacia los defectos esta será nuestra vivencia. Lo espiritual no es físico,
lo espiritual sale cuando yo pongo la semilla de la experiencia, y luego
esta empieza a crecer.
Internamente
no tenemos nada material: al morir, no nos llevamos el televisor. Una señora
con una enfermedad muy grave decía: “yo nunca he visto empresas
funerarias que funcionen con mudanzas incluidas, porque no te llevas nada,
ni a tus hijos, ni a tus padres, ni tu casa, ni tu riqueza, ni tu
estatus”. Y siempre hemos luchado por tener esas cosas, pero no nos las
llevamos.
La
verdadera riqueza del ser está en su experiencia y eso sí es lo que
somos, eso nos lo llevamos nos acompaña más allá de la tumba, ya que
somos eternos. Esta palabra: eterno, ser eterno; es tan pequeña pero ¿quién
es capaz de experimentarla? La eternidad es totalmente imposible de
practicar si todavía se tiene la creencia de ser efímero.
Si nos creemos un cuerpo o si tenemos una visión de nosotros en
función de un papel, es que nos creemos efímeros porque todavía nuestra
identidad está basada en la historia de nuestro cuerpo.
Se
requiere un esfuerzo muy profundo para poder experimentar la eternidad, y
el único profesor que tenemos realmente es Dios, es el profesor de amor,
es el profesor de paz, es el profesor de una conciencia real, es el
profesor de la verdad, es el profesor de luz, es el profesor de todo. Por
eso es importante desarrollar una relación con Él, y aprendimos a orar
pero cuando oramos no creamos una relación. Las personas en ocasiones
dicen que no saben meditar, pero lo que todos tenemos que entender es que
debemos crear una relación real con Dios, y eso es meditar, recordar a
alguien que es muy real. Sin embargo, hemos desarrollado un hábito de
querer tener una relación, pero a la vez no nos sentimos dignos de ella,
por lo tanto, pedimos que se desarrolle, pero no creemos poder lograrlo.
El
día en que realmente tengamos la experiencia de ser hijos de Dios,
iguales a Él, ese día caerá una buena parte de las paredes de nuestra
identidad falsa, porque aferrarte a ella es como agarrarte de un pelo que
se está cayendo, es aferrarte algo que ya se va a ir.
Pero
tenemos que entender el proceso histórico de la socialización, por tal
razón, lo que hay que hacer es practicar, y estudiar, porque la información
a la que estamos expuestos todos los días, justamente sale de la
identificación al cuerpo: la televisión, la radio, los compañeros de
trabajo, la familia, todos están inmersos en la identificación a lo efímero.
Por
lo tanto es importante desarrollar el hábito de exponerse a una información
de utilidad. Esta es la razón por la cual en nuestra escuela
acostumbramos estudiar siete días a la semana, porque sólo se aprende
cuando se adquiere una información basada en una visión real, verdadera
y eterna del propio ser.
Este
mundo es una escuela para nosotros, donde todos los días nos hablan,
todos los días hay periódicos, la radio, la televisión, la gente, pero
esta información, este intercambio, esta comunicación está basada en la
misma identificación con el ego falso. Por lo tanto, cuando estoy en
contacto con todo esto, estoy alimentando esta parte de mí, si no estoy
enfocada en la experiencia del ser eterno que es el verdadero yo.
Es
muy importante tener poder interior. Estamos en una etapa donde
necesitamos fuerza, fortaleza y poder, porque no se puede llegar a la meta
si no se tiene la fuerza para caminar. Por eso a veces tenemos que
ponernos en un estado de alerta, porque en la conciencia del cuerpo se
piensa: “yo tengo tiempo, mañana, ahorita, más tarde”, y nos
quedamos dormidos.
Valorar
el instante, el pensamiento del ahora es sumamente importante, porque en
realidad lo único sobre lo cual se tiene poder y garantía es el ahora.
El pasado ya pasó y no se puede cambiar, el futuro no sabemos qué va a
traer, el ahora es el único momento de libertad, de poder y de creación
que tenemos, y desperdiciar el ahora es desperdiciar el poder.
Alcanzamos
el verdadero ser justamente utilizando este poder en el ahora. Es
importante entender la construcción de la identidad falsa, porque no
resulta fácil reconocer todas las ramificaciones de ella y por eso
debemos estar alertas ya que muchas cosas nos pueden hacer retroceder,
como los anzuelos.
Es como querer hacer que un bote avance cuando no ha levado el
ancla.
Podemos hacer todo el esfuerzo de remar y remar, pero sin avanzar.
Es
importante entender que sólo podemos alcanzar a Dios cuando volvemos a
sentir quiénes somos espiritualmente, entender que somos una partícula
eterna y espiritual. Porque Dios es de la dimensión de lo metafísico, El
no está en las piedras, las rocas, las cucarachas, los violadores y los
asesinos, pero Dios está para todo el mundo en esta otra dimensión que
es la de la paz, la del amor, la de la verdad, la de la ausencia de
identidad física.
Las
cualidades del alma cuando está despejada de toda la identificación a lo
físico, es de una riqueza que no podemos acabar de entender, y es muy
parecida a la experiencia de ser que tiene Dios, pero eso no significa que
somos Dios. Por ejemplo: si hay dos personas pintoras, los dos tienen la
experiencia de jugar con colores.
Por ahora somos seres humanos y jugamos con la materia, y Dios
juega con lo inmaterial, entonces el día que yo vuelva a mi identidad
metafísica es que podré también jugar con los colores espirituales.
Si
observamos, el ser humano normalmente está ocupado en entretenerse. Nos
entretenemos con la gente, la televisión, el cine, la lectura, acicalándonos,
produciendo dinero... Y mientras más avanza el tiempo, más miedo tiene
la gente tiene a la inacción. Una persona compartió que en una ocasión
en que en su casa se quedaron sin energía eléctrica y por lo tanto sin
televisión, él pensó que lo iban a pasar muy bien conversando entre
familia pero resultó que todos los hijos prefirieron irse a dormir.
Esto
es muy profundo, tenemos miedo a aburrirnos en el silencio, por eso sucede
que las personas se sientan a meditar, pero en la mente están creando
recetas de cocina, escribiendo cartas, y no concientemente, sino porque el
hábito de la acción es muy fuerte.
El
ego falso se alimenta del aprecio, y el ego verdadero también, pero del
aprecio propio por motivos reales. El ego falso se alimenta del aprecio de
los demás, y de nuestro propio aprecio por el espíritu de compararnos:
“yo soy mejor madre que ella”, “yo soy más guapa”, “yo soy más
vieja”, “yo soy más joven”. Este aprecio está basado en algo efímero,
porque por 50 que son peores hay 5000 que son mejores, así, tanto en la
profesión, como en el papel de madre, o en el que sea, necesitamos
sentirnos amados, apreciados y reconocidos. Es interesante ver que si, de
acuerdo a la costumbre y la tendencia, esto tiene que venir de lo externo,
nunca vamos a estar satisfechos con la cantidad de aprecio que nos den, y
por lo tanto, debemos preguntarnos ¿en qué medida vamos a hacer las
cosas porque las queremos hacer, porque sentimos que así las tenemos que
hacer?
O por el contrario, ¿seguiremos pensando “así le voy a caer
bien a fulano”, o “así voy a seducir a mengano”?
El
desempeñar un papel, o es una oportunidad de ser verdaderos o es una
oportunidad de engañar a medio mundo, porque no es un engaño realmente
voluntario; querer ser un buen profesional parece bueno, pero a la vez, ¿hasta
dónde vamos a tener que correr para sentirnos buenos? ¿Y cuál es
nuestra primera responsabilidad?: ¿cómo nos vemos, cómo nos perciben o
cómo nos sentimos?. Porque el aprecio de los demás puede ser que nos
haga sentir bien, pero los demás no están siempre. En el momento en que
no están comenzamos a sentirnos mal y eso ese es uno de los signos de que
estamos dependiendo de la percepción de los otros. Esto es una forma de
reconocer cuál es nuestra ancla, cuál es el ingrediente que nos impide
caminar.
La
satisfacción o está basada en una de las partes de mi identidad
limitada, o logramos desarrollar la relación con los rasgos de
personalidad espirituales eternos y muy profundos que nos van a dar
satisfacción, de una calidad que no es efímera y que no es de
codependencia. Es conocido el caso de artistas muy buenos que funcionaban
con pura cocaína, es decir que a veces hay que revisar el motor que
mantiene nuestra felicidad.
Está
bien disfrutar de lo que se hace, pero también es bueno que nos
preguntemos qué despierta en los demás lo que yo hago. Por ejemplo: un
buen médico ha estudiado, ha aprendido y es capaz de curar, pero si es
tan brusco y desagradable que hace sentir mal a las personas, no es
totalmente un buen médico. Es decir, lo importante es ver la perspectiva
de nuestra identidad, porque sólo en la medida en que percibamos
globalmente nuestra identidad pura podremos tener un desarrollo global e
integral