EL ARTE DE VIVIR SIN CONFLICTOS
Por Valeriane Bernard
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La calidad de nuestra vida está muy
relacionada con el hecho de que vivamos con o sin conflictos. Es importante,
entonces reflexionar un poco sobre ¿qué son los conflictos y cómo emergen?
Debemos preguntarnos ¿qué es lo que nosotros
hemos creado para que haya conflictos en nuestras vidas? Ya que, para poder
vivir sin ellos, tenemos que entender por qué los tenemos.
Es como si tuviéramos una casa con ratones y
queremos vivir sin esos animales pero, para lograrlo, tenemos que saber cómo
hacen para entrar. Es interesante entender por qué y cómo nosotros creamos
este tipo de relaciones conflictivas.
Una de las cosas fundamentales para
enfrentar los conflictos y para evitar la creación de nuevos conflictos es
la situación de paz interna que todos necesitamos ya que cuando no hay paz
interior es muy fácil que haya conflictos afuera. El conflicto es una zona
de negatividad donde uno está ubicado.
Para estar en paz tengo que desprenderme de
los conflictos, pero yo tengo que querer dejarlos, y para ello normalmente
buscamos que existan condiciones de bienestar afuera. Hay toda una serie de
conflictos externos a nosotros mismos, pero es uno quien puede escoger si
vivir en este ambiente estando en paz o vivir en ese mismo ambiente pero
estando en conflicto.
Esa decisión es la que produce toda la
diferencia. Muy a menudo queremos que los demás hagan las cosas como
nosotros queremos y ahí empiezan los problemas porque los demás no quieren o
porque nosotros no queremos.
Las zonas negativas de nuestra
personalidad
Existe en nuestra personalidad una zona
conflictiva donde uno no está satisfecho, donde uno está viendo el lado
negativo de las cosas, como dejándose llevar por ellas. Muchas veces, cuando
se entra en conflicto con otra persona por lo general nos ponemos a la
defensiva: pensamos que si el otro habla de una determinada manera es para
molestarnos, que si nos mira de otra forma es porque nos falta el respeto,
es decir, entramos en una especie de “paranoia” que nos hace aislarnos del
otro.
Entonces, allí es importante ver cómo es mi
mirada, porque, de acuerdo a la forma de mi mirada hacia el otro, así va a
ser el conflicto que voy a tener. Si uno empieza a pensar “esta persona
quiere pelear conmigo”, entonces ante cualquier cosa que ella haga uno se va
a defender, pero debemos entender que fuimos nosotros los que atacamos
primero, lo hicimos en la propia mente, de una manera sutil.
Por eso, tenemos que ser conscientes de que
todos tenemos zonas internas de fragilidad, zonas que tenemos que cuidar,
manejar y curar, porque si tenemos estas zonas de sufrimiento, de dolor o de
fragilidad y viene una persona que toque esas zonas, uno la va a atacar. En
la medida en que hay fragilidad, frente a cualquier cosa que otra persona
nos diga, nos haga, nos toque o nos mire vamos a reaccionar con violencia y
vamos a culpar al “otro” cuando, en realidad, nosotros somos quienes tenemos
el problema.
Las
soluciones
Una forma de aprender a vivir sin conflictos
es poder mirar, como en un espejo, nuestros propios conflictos, es decir,
mirar nuestras zonas frágiles, agresivas, nuestras carencias pero, al mismo
tiempo, fijarnos también en nuestras muchas cualidades.
Es importante darnos cuenta de que la mirada
que tenemos puesta en el mundo es la forma en cómo lo percibimos pero, en
realidad, no es la verdadera manera en que es el mundo.
Tenemos que poseer nuestra propia visión del
mundo, tenemos que ver cómo miramos al mundo y cómo vamos a decidir que
vamos a transitar por él: con una mirada conflictiva o con una mirada
pacífica.
Si nos dejamos afectar por la negatividad de
nuestro entorno debemos preguntarnos ¿por qué nos estamos dejando afectar
por esa negatividad? Cuando el ser comienza a fijarse en en esto, se da
cuenta que mientras más se deja absorber por la negatividad, más se
acrecientan dentro sí sus propios sentimientos de culpa o sentimientos de
falta de respeto por sí mismo.
Somos conscientes de que el conflicto no nos
conviene. Sin embargo, algunas veces, cuando tenemos problemas adentro,
preferimos pelear afuera que hacernos cargo de nuestros conflictos internos.
Cuando tenemos la impresión de que no
sabemos cómo resolver esos conflictos, muchas veces actuamos con ira porque
queremos tener la razón, pero, al mismo tiempo, no queremos estar muy
pendientes de esos conflictos sino dejarlos de lado y luchar contra los
demás, luchar contra lo de afuera en vez de luchar contra lo de adentro.
Es bueno que nosotros sepamos observar y ver
que existe otra forma de mirar, es decir, otra forma de pensar, otra forma
de sentir la realidad.
Sin embargo, si yo no tengo formación, si yo
no tengo hábitos, si yo no tengo el “know how” (el saber cómo hacerlo)
entonces no podremos enfrentar esos conflictos.
Debemos reconocer que todos tenemos alguna
zona con esta tendencia conflictiva en nuestro interior. Por eso, es
tremendamente esencial fijarse ¿cuándo empezamos a ser negativos, a ser
conflictivos, cuál parte de mi naturaleza estará operando? y decidir si
quiero operar así.
Los
pisos para escalar los conflictos
Tenemos que aprender a subir al segundo piso
de nuestro ser, es decir, aprender a subir al piso de la paz y eso es un
entrenamiento porque la gente, por lo general, no vive en este piso, sino en
el piso de abajo, en el de los conflictos.
Subir al piso de la paz implica pensar,
actuar, mirar, relacionarse, vivir donde hay positividad.
Es importante aprender a ver cómo utilizo mi
propio potencial y ver que mis recursos son básicamente mis ideas, mis
pensamientos la cantidad de paz amor y la energía que tengo. Todas estas
capacidades que yo tengo o las uso para bien o las uso para mal y el
aprendizaje está en observar cómo utilizo mis componentes, cómo utilizo mis
recursos.
Esto va a ayudarnos a nosotros mismos para
que, pese a haber sido formados en un mundo conflictivo, podamos dejar de
ser conflictivos nosotros mismos, y ayudar a los que viven en conflictos.
Es decir, nos vamos a definir a nosotros
mismos de una manera positiva, vamos a reconocer que vivimos en un mundo
conflictivo y vamos a definir nuestra tarea, nuestro propósito.
El
poder del silencio y de la comunicación
Para poder vivir sin conflictos, debemos
experimentar el silencio absoluto, el silencio donde vive Dios, porque Dios
es el único ser que nunca ha experimentado conflictos.
Dios está más allá del conflicto, entiende
los conflictos y tiene una tarea relacionada con los conflictos, pero él no
los tiene.
El asunto es que podemos escoger cómo vivir
en el conflicto y rodearnos de personas que también son conflictivas, las
cuales no nos van a ayudar a dejar de ser conflictivos, o bien aceptar que
uno es conflictivo pero que realmente quiere dejar de serlo y para lograrlo
necesita aprender de alguien que no conoce el conflicto.
Si deseamos ir más allá del conflicto,
debemos tener esta relación con este Ser totalmente amoroso, quien nos va a
enseñar que estar sin conflictos significa poder entender y enfrentar el
conflicto de los demás, o la naturaleza conflictiva de los demás, sin
sentirnos amenazados nosotros mismos.
Dios no tiene problemas de personalidad y
hay que estar cerca de él porque eso es contagioso: si uno sale con una
persona que es muy alegre, rápidamente uno se alegra también pero si uno
está con una persona que es extremadamente triste o muy conflictiva,
rápidamente uno se enoja.
Por eso, es de suma importancia analizar qué
tipo de energía estamos promoviendo, cómo nos estamos manejando, qué calidad
de relaciones está dando.
Debemos fijarnos qué damos, qué esperamos,
qué tenemos y qué cobramos o cómo lo cobramos y darnos cuenta que la forma
esencial de resolver los conflictos es la comunicación.
Sin embargo, la comunicación no es sólo
verbal, pues otra forma de comunicación es la manera en la que nosotros
juzgamos a los demás, a través de nuestras palabras.
Por eso, cuando uno trabaja mucho en su meta,
en el por qué, en el qué quiere y ayuda a las otras personas a acercarse
hacia lo que quieren, por lo general las cosas son compatibles.