Cultura de Paz
COMO HACER EMERGER EL AMOR Y LA
FELICIDAD EN NUESTRO INTERIOR
Universidad Espiritual Mundial Brahma Kumaris
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Este tema
es uno de los retos que más a pecho he tomado en esta vida, porque una de
las cosas que nos hace la rutina es quitarnos la capacidad de sentir amor
puro y grande, además de que también nos niega la felicidad.
Yo siento que la felicidad es algo que está en todos nosotros, no hay
gente que no la tenga. Pero hay personas cuyo potencial de amor y
felicidad está tan dormido que pareciera que no lo tienen, pero esto
sucede cuando se mira desde afuera. Cuando las personas también
llegan a ser muy deprimidas o muy dependientes, ya sea a cosas o a otras
personas sienten que si no los tienen nunca podrán ser felices.
Hay varias formas de trabajar internamente para poder hacer re-emerger
este potencial, pero lo más importante para hacerlo es tener muy presente
el hecho de que este sí existe.
Una de las cosas que nos afecta mucho es dudar de nosotros mismos, básicamente
porque no tenemos la suficiente autoestima o auto respeto. No es que
no nos amamos del todo, pero no nos queremos lo suficiente, no nos
valoramos, ni siquiera nos conocemos; y es muy difícil amar a alguien que
uno no conoce, si hasta cuando uno lo conoce a veces cuesta. Pero
cuando uno no se conoce es todavía más difícil, por lo tanto el
primer paso seguir es poder sintonizarse internamente con este
potencial, pero para poder hacerlo necesito primero creerlo. Por
ejemplo, si los niños creen en San Nicolás, entonces le escriben
cartas, le hacen dibujitos y hasta lo ven, porque es una creencia.
A
los seres humanos nos cuesta creer, porque hay mucha incertidumbre
internamente. Si ustedes miran la cantidad de religiones y filosofías
que hay, la cantidad de información que recibimos a través de la
televisión, el periódico, etc., es increíble la cantidad de cosas malas
que se dice que la gente internamente tiene.
Cuando uno ha sido muy herido internamente, es muy difícil creer en algo
positivo. Si a una persona que ha sido golpeada toda su vida le dicen que
la vida es puro amor nos va a decir que es una linda idea, pero que no es
su experiencia.
Es
muy importante entonces fijarse en la experiencia propia en cuanto a su
sistema de creencias. Pero no me refiero a las religiosas o
espirituales, porque hay muchísimas creencias que tenemos sin fijarnos
concientemente, y esto requiere mucha auto-observación, mucha conciencia
de uno mismo, mucha determinación a la hora de ir internamente a
reconocer y experimentar este potencial de amor. Es como si yo
dijera que San Nicolás existe y yo lo conozco, me van a decir que soy
linda pero un poquito chiflada y no lo van a creer. ¡Pero imagínense que
sí existiera...!
Hemos acumulado muchísimas creencias a través de nuestras vidas.
Por ejemplo veamos la humanidad de hoy en día, está básicamente
llena de experiencias muy negativas, y la confianza que se tiene hoy en
los demás y en el poder propio es algo que ha llegado a hacerse
tremendamente pequeño. Tenemos la creencia de que Dios existe y que
el va a arreglarlo todo, pero sin embargo, ¿cuál es la experiencia de
cada uno?. De la misma manera se podría pensar en la experiencia
propia, ¿cuántas veces en su vida les han dicho cosas negativas sobre sí
mismos? Por ejemplo: “usted no vale nada, usted no va a ser
exitoso, no se va a casar porque es feo, etc.” Al decirnos toda
estas cosas -en especial los seres queridos-, aunque internamente sentimos
que no es cierto, hay una parte en nosotros que lo ha ido creyendo.
Es muy importante entender que por el sistema de creencias que la sociedad
nos ha ido formando internamente, de cierta manera somos formados y
deformados, y esta forma de ser es el filtro a través del cual vivimos,
captamos la información y entendemos quiénes somos. Es muy
importante entenderlo, porque creerlo superficialmente no es
suficiente, y en lo profundo hay muchas más creencias que tenemos que
dejar de pensar y creer para poder así creer cosas nuevas.
Deshacer
o crear creencias es lo que hemos venido haciendo todos nosotros:
coleccionando creencias. Somos como los coleccionadores de mariposas,
tenemos una colección gigante de creencias, y muchas de ellas no son
conscientes, pero sin embargo forman el filtro, la capacidad que tenemos
de estar relacionándonos con el mundo exterior y el propio.
Pero
hay que hacer algo sobre esto, porque es mi propio sistema de creencias el
que me impide ser feliz, es mi propio sistema interior el que hace que yo
reaccione de cierta manera o no. Por ejemplo: yo creo que tengo
paciencia hasta tal punto, y que desde este punto hacia adelante yo ya no
debo tener paciencia; o creo que hasta ahí se debe perdonar y desde ahí
en adelante no se debe perdonar, y en cambio se debe castigar o vengar.
Entonces el sistema que tenemos es muy sutil, muy omnipresente en
nuestras vidas.
Básicamente para poder ser siempre felices y siempre llenos de amor,
debemos cambiar todo este sistema de creencias, no las creencias que son
muy importantes y que tenemos muy profundamente, ya sea la creencia en
Dios, la creencia que tenemos en la belleza, etc.; todas estas que más
queremos no hay que cambiarlas, más bien hay que enriquecerlas.
Lo
que me impide poder hacer las cosas que profundamente quiero es que no
conozco mi capacidad de poder hacerlas de verdad, y entonces por lo
general nos damos estas dos excusas: o me digo que no tengo que
desarrollarlas o que no lo puedo hacer.
El ser puede llegar a tener la confianza suficiente para desarrollar su
propia confianza y su propio potencial, básicamente con una
herramienta muy especial y poderosa: el silencio. Porque no es sólo el
silencio de que no hayan ruidos externos como el televisor, etc. sino que
también no haya el ruido mental que es algo que nos perturba y nos cansa
mucho, porque a cada instante estamos creando pensamientos,
emociones, expectativas. Esto es algo que no se detiene, y es
esta creación constante que tiene un efecto continuo sobre nosotros.
Hay
un sistema de creencias constantemente presente que está enraizado,
invisible en nosotros y que no está muy consciente; y después hay todo
el funcionamiento de mis propios pensamientos, el cual hace los ruidos
internos que afectan la forma en que yo me siento.
Mis
pensamientos son como gotas que rebotan en mi sistema de creencias y que
tienen un efecto, entonces cada vez que hay un pensamiento, este hace
un ruido interno sobre una creencia propia que produce una experiencia,
una emoción, un sentimiento, etc. Nosotros no somos siempre conscientes
de esto, no nos fijamos que estamos siempre pensando, o aunque nos fijemos
que siempre pensamos no nos capacitamos en ya no funcionar de esta manera,
es importante fijarnos de cómo funcionan estos pensamientos y qué son.
La mente necesita estar activa, como los pulmones necesitan respirar, pero
la mente no necesariamente tiene que estar activa en lo que tú no
decides, porque si nos fijamos, la mayor parte de los
pensamientos no los decidimos concientemente, los creamos pero no
los decidimos. Si cada uno de nosotros decidiéramos qué pensamientos
tener seguramente que elegiríamos tener otros pensamientos en lugar de
los que tenemos, por lo menos en un 80%.
Lo que es importante fijarse es que yo soy el creador de pensamientos.
Pensar está bien, pero tengo que volver a tomar en mis manos las riendas
de mi mente.
Todos
tenemos creencias como: leí que Dios no existe, o leí que hay caníbales
que se comen a la gente, etc. Son cosas que nos afectan mentalmente,
como en las fábulas de niños en las que se cocinaban a los prisioneros,
que básicamente son creencias totalmente erróneas; así también las
supersticiones. Pero si no nos fijamos dejamos que estas creencias
interfieran en nuestra vida y estos pensamientos que no decidimos rebotan
y hacen resonar estas creencias, entonces al fijarnos de los pensamientos
que creamos vamos a afectar bastante nuestro estado interior.
¿Cómo es que yo voy a ser feliz? Pensando de forma feliz,
teniendo sentimientos de amor, de esta forma es fácil.
Cuando el
ser empieza a fijarse de las creencias que utiliza por medio de la
racionalización es importante reemplazar. Porque lo que ocurre es que si
en mí hay creencias de mí mismo que me hacen daño, debo reemplazarlas
por otras creencias de mí que no me hagan daño. Eso tiene que ser algo
muy activo, con conciencia y esfuerzo, porque no va a suceder por
casualidad. La creencia tiene que estar basada en una experiencia, y
después, en vez de estar viviendo mi vida dejando que la suerte diga qué
experiencia tendré, tengo que ser atento para ver cuál experiencia está
emergiendo en mí, y esto es un esfuerzo de concientización.
No
vamos a ser felices por casualidad, tal vez se pueda hacerlo 5 minutos por
casualidad, pero no 24 horas al día. Ser feliz 24 horas al día es un
trabajo. Pero nosotros tenemos ideas muy románticas, creemos que ser
feliz no es un trabajo, porque sino ya no sería ser feliz.
Podemos mirar cualquier cosa: si uno quiere ser pianista no se puede serlo
por casualidad, porque un día se me despertaron las ganas. Cualquier cosa
lleva esfuerzo.
El problema con el consumismo, tanto de ideales como de bienes, es que
creemos que si compramos algo obtenemos un estatus. Tengo un amigo
que sabe mucho de computación y se pone muy molesto cuando la gente que
no sabe nada de computadoras se compra una muy buena y dice que no
funciona, él se molesta ya que sabe el trabajo que requiere saber cómo
funciona una computadora.
Nosotros
tenemos esta capacidad de fijarnos de los sistemas que creamos, de cómo
los podemos trabajar, y cómo podemos después al operar este instrumento
muy especial que es la mente, hacer resonar las experiencias que queremos,
y llegamos a ser bastante capaces de hacer emerger nuestro potencial de
felicidad o de amor, pero este silencio lo tenemos que disfrutar.
Necesitamos aprender a disfrutar del silencio, porque todo este paisaje
enorme que es el mundo interior de cada uno de nosotros, con todas las
expectativas, los ideales, toda esta realidad enorme que tenemos, es
sólo si hacemos silencio que ya no va a estar una parte de mi ser tomando
el poder de la conciencia. Porque es así, siempre hay una
parte de nosotros que toma el poder internamente, a veces enojado o
a veces triste, melancólico o desesperado, sin autoestima, o
con preocupación, etc. Es como que “¡pum!”, se despertó
cierto sentimiento y así me siento. Dejamos que las cosas funcionen de
forma mágica, y a veces tenemos suerte, tenemos un buen día, pero no es
que todos los días los pasamos bien, porque no sabemos utilizar esto.
Utilizar
este potencial de silencio permite volver a ser dueños, amos de nosotros
mismos, porque por ejemplo, uno no puede domar un animal totalmente
salvaje si le dice: “ya te domé”, así no funciona. Al ser
internamente no le gusta, aún si el se quiere domar a sí mismo, ni
hablar de que alguien nos dome. Pero el ser ha tomado muchos hábitos de
ser rebelde internamente y no le gusta que alguien esté encima suyo, aún
si es el mismo y es por buenas razones.
Por ejemplo no nos gusta la disciplina. Para la mayor parte de la
gente es un mal necesario para llegar a un bien, entonces es importante
ser capaces de ver que para ser felices, es necesario lograr disciplinar
esta capacidad extremadamente poderosa que es la mente, que es la
capacidad de reflexión, la capacidad de experimentar. Para esto se
necesita el silencio interior, porque cuando estamos muy llenos de
ruidos, de expectativas, de acción, de preocupación, de trabajo, etc. no
nos sentimos así.
Si
uno no se pone enfrente las cosas muy importantes, por ejemplo la
muerte, si me pongo frente a este espejo, a lo mejor me despierto un
poco y me “pongo las pilas” cuando se trata de hacerme consciente de
qué quiero de verdad. Porque si veo la vida como si estuviera
empujando una bola un poco más lejos y sin saber a dónde voy, sin
saber lo que quiero llegar a tener, lo que pasa es que el ser al tener la
capacidad de silenciarse, está verificando que muchísimas cosas de las
que está preocupándose y pensando, no son esenciales. Pero por lo
general nos dejamos engañar internamente por lo que es inútil, si
realmente fuéramos capaces de mirar toda la cantidad de pensamientos,
sentimientos e ideas que tenemos en el día hay 80% que no tiene mucho
valor, es decir que estamos usando nuestra propia energía de forma
desperdiciada. Es grave porque estamos desperdiciando el 80% de
nuestra energía, porque después decimos: “estoy agotado, estoy triste,
no sé lo que me pasa, no tengo ganas, no tengo tiempo…” cuando ahorro
la energía la transformo en energía totalmente positiva, que sea
de amor, de felicidad o de lo que se quiera.
Silenciarse es un gran trabajo, porque al inicio se van a fijar de todo el
montón de cosas que están pensando, pero a veces nos dejamos seducir por
estos pensamientos que tenemos internamente y nos vamos con ellos a pasear
y después de una hora nos damos cuenta de que supuestamente estábamos
meditando, porque el ser ha formado hábitos internamente, y uno de los más
grandes que hemos creado es dejar nuestra conciencia suelta, por lo que se
va de recuerdos en recuerdos, de preocupaciones en preocupaciones.
Es importante ver esto y analizar dónde queremos que llegue nuestra
conciencia, si yo la dejo suelta nunca va a llegar, es solo si yo quiero
llegar alguna parte o a un cierto estado que puedo acceder a este.
Para
desarrollar este amor, este potencial de ser feliz tengo necesariamente
que saber dónde está, dónde lo voy a encontrar. Pero si estoy
totalmente ocupada con todo el montón de asuntos sin valor, no puedo
sentirlo.
El
símbolo de las pirámides nos ayuda a entender lo que pasa con nosotros
internamente. Nosotros somos corporales, vivimos en la tierra, en el
mundo material, y a pesar que todos creemos en un ser espiritual o
una realidad espiritual estamos muy involucrados en lo físico. Si
observan: ¿cómo es que utilizan su poder mental, su poder físico, su
cuerpo, etc.?, por ejemplo muchos están muy ocupados en ganar dinero.
El dinero es algo necesario para estar físicamente tranquilos, cuando uno
está bien físicamente uno puede dedicarse a otras cosas, pero la idea es
poder estar bien, no es ganar dinero. Analicemos la cantidad de
energía que está orientada a lo físico, a lo material: hay un
gran porcentaje de nuestra energía física, emocional que está
involucrada en esto, no es malo, pero su conciencia si sólo se queda en
esto, sólo conoce esto. Es decir, no está mal querer comer, tener
una cama, tener un auto, etc., pero si toda mi energía está ahí
la conciencia no puede viajar hacia las cimas que su corazón está
anhelando, porque está muy ocupada con esto, y es como si una gota de
agua que está en un vaso quiere ir al aceite.
Podemos
llegar a elevarnos en nuestra conciencia y ser más felices, si nos
quedamos en lo físico experimentamos ciertos placeres: es rico comer, es
agradable ver algo bonito, pero placer y felicidad existen en este nivel
porque nos despiertan algo a otro nivel. Las personas que
pasan todo el día comiendo no son felices, y como todos los placeres físicos,
cuando hay demasiado llega más bien a ser asqueroso. Entonces es cuando
las cosas son bien utilizadas y bien entendidas, que nos dan una felicidad.
La
punta de la pirámide es la conciencia absoluta, la conciencia de lo
espiritual, lo divino, es algo muy sutil. Dios no tienen problemas
de sobrepeso, de arrugas, de dolor de espalda, de que le robaron el carro,
El sabe que existen estas cosas pero no vive con esto, entonces su
conciencia no tiene este tipo de peso.
Tenemos
que entender que cada cosa influye, comprendiendo que la conciencia más
pura, más llena de amor, más llena de dicha es la que más felicidad
procura. Claro que no es una felicidad como comer muchos espaguetis,
aunque eso es muy rico pero es un nivel de felicidad limitado y temporal.
La conciencia es muy sutil y es afectada por lo que siente, por ejemplo:
cuando uno se enoja después uno se siente cansado y le cuesta estar en
paz. Estas vivencias espirituales afectan el estado de conciencia, y luego
vienen todos los “bichos” de la culpa, el remordimiento y las
relaciones difíciles.
Para
que nuestra conciencia sea totalmente feliz hay que cuidarla, porque
no es como un vaso que se limpia y ya; la conciencia es algo vivo.
No hay que desesperarse, pero este tiempo que voy a pasar limpiando mi
conciencia para sentirme nuevamente bien es un espacio para subir mi nivel
de felicidad.
Entonces
toda esta felicidad está en nosotros, pero, ¿cuán consciente estoy de
ella?. Lo que le pasa al ser humano es que muchas veces quiere ser
un poquito más feliz, un poquito mejor, pero se aburre de esto, porque
para qué ser un poquito más feliz si todavía hay muchísimo
sufrimiento. El reto de una persona que decide ser espiritual es
decir: ya no quiero ser sólo un poco más feliz.
Una
herramienta para pasar a este nivel es la meditación, porque este
silencio permite la auto-observación, o sea, revisar el sistema de
creencias. También debemos tener una relación con nuestra meta, porque
si no es una pasión no funciona, porque para qué hacer esfuerzos
si no estoy convencido. Por ejemplo si ustedes quieren ir a
España, es un sacrificio, hay que ahorrar mucho dinero para llegar allá,
si uno no está enamorado de su idea de ir a España uno no va ahorrar la
plata; de la misma manera, querer realmente ser feliz y saber lo que
quiero y cómo lo quiero es una cosa que se tiene que ir visualizando,
conectándome con esto, realizando lo que realmente quiero. Esto
requiere una relación con uno mismo que sea basada en una verdad,
sentarnos con nosotros mismos a conversar de las cosas importantes, y para
esto no hay edad.
Junto con todas estas herramientas para relacionarme con mi potencial hay
implícito también un conocimiento de este potencial, porque la meditación
procura un cierto nivel de conocimiento. Hay varios conocimientos,
el conocimiento básico que es informativo: que existe este potencial.
Luego por medio de la meditación, viene la experiencia, y voy a tener el
conocimiento real de que sí lo puedo hacer, de que sí está en mí,
porque sino sigue siendo una teoría. Las teorías aburren y ya no
creemos mucho en ellas.
Uno
está promoviendo algo por medio de sus experiencias, porque ser feliz y
lleno de amor no es sólo para mí, tiene que ser algo compartido, va a
ser algo compartido. Aunque no quieras, si eres feliz es natural
hacer felices a los demás, si eres triste y de mal humor es muy fácil
molestar a los demás, no es ningún esfuerzo, pero cuando eres feliz no
es ningún esfuerzo dar placer. Cuando uno ve a un niño feliz uno
ya se siente bien, los niños tienen este poder de atracción por su gran
pureza, y su gran capacidad de entregarse a lo que hacen y es algo que
nosotros tenemos que aprender de ellos, la entrega interna a la
experiencia positiva. Entonces cuando naturalmente la persona es así,
ella naturalmente da esto, llega a ser multiplicador de esto, lo da y lo
recibe. Una persona que quiere a las otras personas por lo general es
querida, claro que va a ser querida de acuerdo con el potencial que tienen
los otros y también ahí hay muchos sistemas de creencia: para algunos
querer significa pareja, para otros es diferente, hay muchas creencias
dentro del amor que hay que empezar a verificar.
Para
crear esto el ser tiene que ir marcando pautas en las cuales está consigo
mismo verificando lo que cree, lo que quiere y cómo lo quiere.
A
veces nos involucramos mucho en el trabajo, en la comida que comemos, etc.
y entonces ya no funcionamos realmente, la conciencia está dormida. Para
ser feliz y dichoso, en el sentimiento pleno de la felicidad, uno tiene
que estar bien despierto, uno no es feliz por casualidad, sin prestar
atención. La felicidad se experimenta en el presente, claro que
recordando algo que experimenté hace un mes que era muy lindo, me vuelve
a dar felicidad, pero es en el presente que la siento.
Es
importante ver el funcionamiento de la mente: ella viaja hacia el
presente, hacia el futuro, hacia la negatividad, hacia las quejas. Si el hábito
es así, esto es automático. Hay muchos hábitos que tenemos que son
basados en nuestras experiencias del pasado y que no nos fijamos de ellos,
ni de que podríamos cambiarlos, y es muy importante darse cuenta ahora
que todavía podemos cambiar internamente.
Hay
muchos hábitos que dejamos que se creen en nosotros que son “comelones
de felicidad”: el hábito de la melancolía, de la depresión, del
enojo; todo esto me lleva directamente abajo, al “infierno” emocional.
Nosotros somos responsables de transformar los patrones de actitudes que
nos llevan hacia abajo y de crear patrones positivos que nos llevan
arriba, pero no los vamos a encontrar en la lotería. No es difícil,
es el punto de vista de nosotros que lo hace imposible, es posible cambiar
de punto de vista, pero uno debe entrenarse de verdad, y sí funciona.
Hay
siempre miles de cosas aconteciendo, toda esta información está aquí,
como la Coca Cola cuando apenas la abres. Pero si yo me centro en
una cosa ya no existe más nada, porque yo me centré, decidí
silenciarme. No niego que están todas estas cosas, pero lo que yo
hago es que decido centrarme en lo que soy, centrarme en lo esencial, y no
dejar que todos estos pensamientos emerjan como : “¿qué le habrá
pasado a aquél, por qué esto y lo otro?. Es como la imagen de un pájaro
pequeño frente a una montaña enorme, cuando el pájaro vuela desde
arriba la montaña se ve pequeña. Silenciar es esto, ir en la experiencia
de lo que soy, y el resto no es que no existe, pero ya no me afecta
internamente. Entonces al practicar este silencio lo que logro es hacerme
libre de las influencias cuando yo quiero, y después regreso y soluciono
lo que tengo que solucionar. Por ejemplo: Dios existe, pero ¿cuánto lo
experimentas?. Entonces focalizarse, centrarse, silenciarse, es un trabajo
interior de empacar todo y dejarlo ir, y hacerse consciente de lo que es
esencial, lo que es importante, de mí mismo, porque yo soy aquel que me
relaciono con el mundo.
El
silencio no es ausencia de ruido, porque físicamente el silencio no
existe, pero es que te concentras tanto que ya no escuchas los ruidos. Es
decidir que todo esto por ahora no existe, porque yo quiero ocuparme de mí
mismo, centrarme en mi propio potencial, y después puedo elegir un
pensamiento. Pero si no se silencia esto primero, uno está
pensando: ¿cuál de todos estos pensamientos dejo?, etc., y uno se
preocupa y presiona por la realidad física.
Internamente
hay distintos niveles de conciencia que uno tiene que aprender a conocer
tanto desde lo informativo como desde la experiencia, una vez que lo
conoces y sabes dónde está la escalera subes. Porque si se piensa
en un pensamiento que nos hace tranquilos, está bien en el inicio para
tener un poquito de paz, pero para obtener el silencio y el nivel de
maestría superior es necesario mayor silencio. Pero uno va poco a
poco, uno empieza con una cosa y después ya, fijarse en un sólo
pensamiento de tranquilidad ya es una gran obra. La mente es lo más sutil
que puedas imaginar, es como algo magnético, la mente es así también,
todo lo que piensas tiene un efecto.
Todo
lo que nosotros hacemos tiene un efecto, hasta a nivel de la mente. Si
nuestra mente es alimentada por ciertos pensamientos tiene tal efecto,
pero si quieres subir en la pirámide para llegar a un nivel realmente
elevadísimo no puedes poner ninguno de los pensamientos groseros o inútiles
y negativos. No significa que no estás lidiando con la realidad
pero tu forma de verla es muy positiva, y ya no te afectan los
sentimientos de la negatividad porque eso destruye la capacidad interna.
Es muy importante ver cómo es y cómo funciona nuestra mente, cómo es
nuestro espíritu, nuestra conciencia, para así elevarla, que sea por la
oración, el canto, etc. de acuerdo con el entendimiento propio y descubriéndolo
con las creencias propias.
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