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Artículos - Emociones
A continuación podrá ver un resumen de cada
artículo:
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Las
emociones salen de lo profundo de nuestro ser; tener emociones es normal, es
positivo. El problema es que, a veces, no son muy positivas. Lo que es
negativo se ha adquirido a lo largo de las experiencias en vida. Lo positivo
es innato. Por aprendizaje, por socialización, por el estado del mundo
actual, todos aprendimos a crear emociones que no son positivas, a sentirlas
y no saber qué hacer con ellas. Es por ello que las vamos acumulando; un día
nos encontramos deprimidos cuando, de hecho, la depresión la hemos ido
creando desde pequeños. La emoción natural del ser
es la ausencia de depresión, es la alegría, la paz. Cuando se ha construido
un estado depresivo se tiene que aceptar manejarlo con paciencia. Se trata de ir
entendiendo cuáles son las emociones que debo crear, ir entendiéndose a sí
mismo, comprendiendo también cuáles son nuestros centros profundos de
interés.
La emoción
de la tristeza es el resultado de toda una combinación de aspectos: sentirse
incapaz, sin poder, impotente y que no sé cómo transformarme. En esos
momentos es importante ir hacia adentro y descubrir que sí puedo,
sacarse un poco de maleza interna e ir, conscientemente, sembrando
sentimientos positivos. A menudo nos castigamos porque estamos enojados con
nosotros mismos, por eso nos dejamos sufrir. Es importante reconocer lo
hecho: ya lo hice y punto. Es la capacidad que llamamos poner un punto
final: lo que sea que ha pasado, pasó. Cuando uno entra en momentos de
sufrimiento, de depresión, el primer paso para dar es reconocer que yo estoy
poniéndome así, y que en realidad no soy así; posteriormente debo fijarme
que no quiero quedarme así y que puedo salir de ello.
No se puede
ser feliz con miedo, es imposible. El miedo produce una gran falta de
autoestima. Tener miedo es un aspecto de la violencia, tanto si es pasivo
como activo. Cada vez que se proyecta internamente el miedo a algo o a
alguien, se produce un rechazo hacia ello; cuando se presenta frente a la
persona el objeto de su miedo, este se despierta. El antídoto al miedo es la
paz. Permaneciendo en un estado de paz se logra eliminar el 90% del efecto
negativo del miedo.
Cuando uno
procura controlar la ira, siente como si estuviera
impidiendo la erupción de un volcán; pierde el poder de controlar y está
creando una conmoción interna. En el momento, uno no sabe lo que es
correcto, se encuentra en una confusión total. Es más fácil controlarse
antes de la explosión. Pero, por lo general, no controlamos nuestra
propia mente. ¿Cómo vamos a tener control sobre la ira? Hay que
conocerse a sí mismo, conocer sus necesidades y darse el espacio para
estar a gusto. Es importante responsabilizarse del propio bienestar y ya no
culpar a nadie más.
La
palabra crisis implica una etapa transitoria; por lo tanto, no definitiva.
Cuando identificamos una crisis, el reflejo natural que se pone en marcha
es: “Qué voy a hacer”. Inmediatamente sentimos miedo, perdemos esperanza y
nos ponemos en situación de derrota interna. Este sentimiento despierta en
nosotros todos los recuerdos de las derrotas, las crisis y de los
problemas. Nos hace sentir incapaces e impotentes, perdiendo la creatividad,
la paciencia, el buen humor, la energía y las ganas de enfrentar la
situación.
Frente a la crisis lo más
importante de contemplar es la actitud. En realidad, gran parte de las crisis,
vienen por el hecho de que tenemos todo planeado: “mi mamá tiene que
envejecer muy bien, mi papá no debe morir, mis hijos no deben ser
drogadictos, mi esposo tiene que ser bueno, etc.”
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