Ir más allá del miedo

No se puede ser feliz si se vive con miedo, es imposible.

 

¿Por qué se produce el miedo y a qué tememos?

Si uno observa su vida en retrospectiva, puede reconocer que la crianza se ha basado en el temor.  A menudo y con muy buenas intenciones, los padres les dicen a sus hijos: “no toques eso, te vas a hacer daño, cuidado te caes, no le hables a los desconocidos”, etc.

Se teme a lo desconocido, a la inseguridad, a la infelicidad, a la muerte, a la enfermedad, a la soledad, al rechazo, al qué dirán; pero todos estos temores están relacionados con otra cosa: el sufrimiento. Tenemos miedo a sufrir, porque ya hemos sufrido y sabemos que es muy desagradable.

¿Qué pasa si uno tiene miedo a sufrir? Por ejemplo, el caso del típico joven que acaba de vivir una gran desilusión y sufrimiento de amor; él ya no quiere involucrarse con nadie más y dice: “¡el amor, qué horror!”. Ese mismo joven, un mes antes, pensaba que el amor era una maravilla.

Los grandes objetos de felicidad pueden llegar a ser grandes objetos de sufrimiento. A veces somos como los niños: queremos el dulce pero no queremos el dentista; y aunque nos advierten de las consecuencias, a nadie le gusta que le adviertan.

La mayor parte de las personas que están bajo algún tipo de adicción, ya sea a una relación, al alcohol o al trabajo, se sienten mal; pero existe la tendencia a quedarse ahí a pesar de que produzca sufrimiento o malestar, porque uno se siente impotente ante la adicción y ante el miedo.

Frente a cualquier actitud adictiva existe la posibilidad de cambio cuando uno así lo desee; de hecho, no es necesario  esperar a que venga el “Zorro” o algún justiciero a solucionar todos nuestros problemas, porque si lo hacemos retardamos nuestro bienestar imaginando la llegada de ese famoso príncipe azul que, se supone, nos salvará.

El condicionar nuestra felicidad a cosas imposibles es un gran crimen porque nos impide ser felices hoy mismo. Ejemplo de esto es el consumismo: “primero necesito un carro nuevo, luego un televisor más grande, y seguidamente unos sillones más modernos”, etc. Una cosa tras la otra, hasta que terminamos con las cuentas bancarias en rojo.

Uno puede darse instantes de felicidad interna y de esta forma crear más fuerza para darse cuenta de que tener una televisión más grande no tiene tanta importancia como el estar bien consigo mismo, muy tranquilo. Esto último, a diferencia de la televisión, permite crear un estado de contentamiento.

Las personas sufren de una gran falta de autoestima a causa del miedo, porque la imagen que uno tiene de sí mismo en ese momento de temor es: “¡soy un cobarde!”.  Es el propio juez interno quien dictamina y culpa al propio ser, de forma tal que, además de tener el sentimiento negativo, uno se juzga por ello y termina dándole golpes emocionales al propio ser.

 

No hay que pelear contra el miedo, sino ir más allá de él

Si uno tiene miedo de alguien porque es muy grande, esto significa que uno imagina que esa persona le puede hacer daño, y aunque ella no se sienta agresiva o peligrosa, uno, al pensarla así, le tiene miedo y visualiza a la persona como alguien malo.

Cada vez que uno siente miedo hacia alguien corre el peligro de sentirse como víctima. Cuando uno se siente víctima de un agresor, se da el permiso de ser infeliz, y por otro lado uno piensa que tiene el derecho a pelear y matar al que provoca el daño.

Las personas que se sienten víctimas compran armas para defenderse, pues se sienten más seguras y prefieren matar a ser matados, y esa lógica tan agresiva es la que el miedo crea en uno. El miedo, por lo tanto, genera muchísima violencia.

Una vez caminaba por la calle con una amiga que era muy asustadiza, y se nos acercó un hombre; él ni siquiera había abierto la boca cuando ella ya le estaba gritando “¡sátiro, violador!”. Quizás ese hombre solo quería preguntarnos la hora, y lo que recibió fueron insultos. Ese día aprendí que el miedo es producto de una violencia personal que se proyecta hacia el otro; en este caso en particular, el hombre fue acusado sin ningún fundamento. ¿Cómo se habría sentido él? ¿Qué tipo de reacción tendría uno hacia una persona que le insulta de esa manera?

Cada vez que uno proyecta el miedo hacia algo o alguien produce un rechazo interno  hacia ello, y cuando el objeto del miedo se presenta al frente de uno, produce una reacción agresiva.

Por ejemplo el miedo a la muerte. Si bien es uno de los miedos ancestrales de todos los seres humanos, habría que detenerse a pensar ¿cuántas veces se muere uno? ¡Una!, y sin embargo, todos los días de la vida uno tiene miedo a que suceda.

Lo mismo ocurre con el miedo a ser agredido; si a uno le toca andar en la calle de noche y va con miedo de que lo agredan, es casi peor a que te agredan de verdad, porque significa andar cargando con la tortura del miedo durante todo el camino.

En ese sentido, es importante observar cuándo emerge el pensamiento de “pobrecito yo”, pues este sentimiento implica considerar que todos “los malos” están afuera. Esa forma de pensar crea el mundo que uno vive y lo hace estar constantemente a la defensiva, pues desde esa perspectiva nadie es digno de confianza y cariño.

No podemos esperar que los objetos de nuestro miedo se vayan de vacaciones para ser felices, pues eso no es realista. Es necesario cambiar la relación con el mundo, consigo mismo, y a la vez reconocer cómo inició este condicionamiento, pues hemos sido formados por el miedo, o más bien, deformados por el miedo.

 

Los antídotos del miedo: paz y seguridad

Es necesario tener paciencia y entender que ir más allá del miedo es un proceso. En ese proceso parte del trabajo consiste en reconocer los antídotos del miedo: la paz y la seguridad.

La paz es como una medicina natural, que funciona cuando tomas las hierbas todos los días. En ese sentido, hay que tener claro que no es que al hacerse una dosis triple cuando uno se enferma se va a sanar.

Cuando se tiene miedo los pensamientos vienen a la mente tremendamente rápido.   Por ejemplo, si alguien entra ahora con una pistola y te amenaza, es probable que  inmediatamente pienses en los hijos, el dinero, el dolor que podría ocasionar etc.; todo esto en menos de un segundo.

Por el contrario, cuando uno está tranquilo, la velocidad de los pensamientos es más lenta, pues se piensa menos y la claridad y calidad de esos pensamientos es mayor.

El miedo produce muchos impulsos: a nivel físico hay un incremento de adrenalina; a nivel interno impacta inmediatamente las emociones, los pensamientos y los recuerdos. Es muy difícil controlar la gran cantidad de hormonas y los impulsos emocionales.

¿Cómo se pueden controlar las reacciones que produce el temor?  Volviendo a la paz, centrándose y experimentando el espacio seguro interior. Cuando uno quiere deshacerse del miedo no hay que entrar en la actitud de combate y reprimir la emoción pensando: “¡yo no tengo miedo!”, como dicen los niños.  Esto es rechazar la realidad, las propias emociones.

Con práctica se desarrolla la capacidad interna de estar tranquilo, y  se entiende que al aceptar la propia debilidad uno la puede transformar. Si uno sabe que no ha preparado un examen le queda la posibilidad de estudiar para lograr pasarlo, pero si uno se paraliza por miedo o si cree que ya lo sabe todo, no llevará a cabo las acciones necesarias para tener éxito.

En dicho proceso el ego es un factor que debe tomarse en cuenta; se trata de un orgullo testarudo que no nos permite aceptar y cambiar aspectos de nuestra personalidad. Tener claridad y transparencia son dos palabras claves para lograr cambios positivos.

El orgullo y la vanidad emergen cuando se tiene miedo a ser juzgado por los demás o por el propio ser.   La propia conciencia es la que más se juzga a sí misma, y a la vez, como no se quiere sentir tan mal, cataloga a otras personas en la lista de “peores que yo”; así, es común que surjan pensamientos como “yo soy así, pero fulanito…”.

Se intenta proteger de forma negativa, por lo que hay que desarrollar la fuerza de reconocer esa tendencia. Por ejemplo, si teniendo todo el trabajo planeado algo pasa de improviso y uno mantiene un estado interno de auto-observación, puede detectar las diferentes actitudes que emergen, como la de víctima o la de ponerse rígido e intolerante. Cuando hay miedo uno quiere controlarlo todo, y cuando hay algo que se sale un poco de las normas en que usualmente nos regimos, uno se siente como víctima y suele hacer listas larguísimas de quejas hacia el mundo.

Hay una frase de Einstein que se relaciona mucho con este tema: “uno no puede solucionar los problemas a partir de los mismos parámetros que crearon el problema”.   Por eso es muy importante la paz, ya que con paz realmente es posible extender el propio potencial de inteligencia, creatividad, paciencia, tolerancia.

Así pues, en momentos de desastres naturales como terremotos e inundaciones, o en guerras u otro tipo de conflictos sociales es normal que la gente tenga miedo y en muchos casos actúe sin ningún principio o valor.  En otras palabras, en un mundo como el que vivimos, donde es “normal” tener miedo, todos somos producto del rechazo, del dolor y del sufrimiento, por lo que es lógico que tengamos miedo a sufrir, solo que esta no es, definitivamente, una forma creativa, positiva o beneficiosa de tratar con el sufrimiento.

 

Lograr el cambio

El cambio no le gusta a nadie y a menudo ocasiona miedo, inclusive cuando se trata de un cambio para mejorar. A uno le puede gustar cambiar de lugar el televisor, pero si al llegar a la casa alguien lo cambió de lugar uno se enoja. Esto se debe a que el cambio es percibido como una amenaza o una agresión.

En ese sentido, cualquier dificultad que atravesemos en la vida nos enseña cuáles son las propias debilidades; de igual modo, cualquier cambio nos muestra las resistencias que tenemos. Por esto es mucho más fácil enojarse con alguien, que reflexionar acerca de lo que tenemos que mejorar.

Tomando en cuenta lo anterior, hay dos opciones: seguir igual o cambiar. La segunda opción ha significado mucho para mí, pues aunque a veces puedo estar afectada por el miedo, me doy cuenta de ello  y redirijo la forma en que pienso o reacciono. Tal como cuando uno va de camino a un lugar y se da cuenta de que tomó una calle equivocada, uno se detiene y cambia de dirección.

El crear paz interior y practicar el mantenimiento consciente de ese estado durante el mayor tiempo posible, abre la posibilidad de invocar la paz cuando uno la necesita. Definitivamente, si uno está en paz logra eliminar el 90% del efecto negativo del miedo, que si bien no desaparece del todo, al menos pasa a estar bajo control. Luego queda el trabajo de entender las causas y las soluciones.

Lidiar con el problema significa ser creativo y buscar soluciones, al reconocer la propia responsabilidad en el problema. Si uno solo ve la responsabilidad que tienen los demás, se dedica a culpar y así se priva de aportar a la solución.

Al mantener la paz interna, la persona puede disfrutar de sí misma y no verse afectada al reconocer las propias reacciones triviales; pero cuando uno se siente mal y amenazado es que atribuye la culpa a los demás. Conociendo al ser espiritualmente, uno consigue libremente dirigir la atención al potencial interior de paz, paciencia, amor y crear las experiencias que uno elija.

Al desarrollar la capacidad de auto-observación, uno puede darse cuenta cuándo está entrando en un estado negativo y decirse: “Oye, te estás dejando influenciar por el miedo, si sigues así te vas a poner histérico”.  La capacidad de observación y de fuerza interior son facultades que se van desarrollando con la práctica, como un bebé que necesita gatear durante meses para desarrollar los músculos que le permitirán caminar.

Cuando uno se ríe de sí mismo sin burla, y más bien lo hace con humor y cariño, desarrolla una relación positiva con el miedo. De ese modo se logra el poder que habrá acumulado de paz, amor y sabiduría que servirá en el momento que uno necesite, así como en caso de terremoto solo tendrás el agua que hayas almacenado.

Todo es benéfico para aquel que lo sabe ver. Si logro educarme para percibir los beneficios que traen la vida y las circunstancias, en vez de miedo y rechazo sentiría  aprecio y agradecimiento.

 

Práctica de Meditación

Me siento de forma cómoda

Dejo que mi cuerpo se relaje

Y poco a poco me centro en mi respiración

Y siento que cada vez que respiro

Junto con llenar mis pulmones de aire

Puedo llenar mi ser de paz

Mis pulmones se llenan de aire y en conjunto

Mi consciencia se llena de paz espiritual

Me centro en el tercer ojo, entre las cejas

Y siento que mi alma tiene la capacidad

De ubicarse en su potencial espiritual

Suavemente dejo que mi ser se conecte

a una Fuente Ilimitada de Paz

Y a cada pensamiento dirijo voluntariamente mi atención

hacia esta capacidad de conectarme con la Fuente

Y me lleno conscientemente de energía pura y pacifica

Al hacer esto siento que mi ser

es capaz de limpiarse de las influencias negativas,

de quedar libre y autónomo

Y de llenarse de positividad, desbordando amor, luz y paz

Y de esta manera puedo tener el poder de elegir nuevamente la forma en que pienso y siento,

Inclusive durante la acción puedo responder con paz, amor, seguridad interior

y ya no dejarme influenciar por la negatividad del miedo o la inseguridad

Porque estoy ahora despertando la consciencia de mi poder espiritual positivo

Soy un ser de paz

y tengo un derecho absoluto e inalienable a conectarme con la fuente de paz

y a quedar sereno

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