¿Cómo manejar la ira?

Por Valeriane Bernard

 

Cuando procuramos controlar la ira, muchas veces sentimos como si estuviéramos impidiendo que un volcán haga erupción. Uno se siente en medio de un terremoto interno y explota de todas formas. En esas ocasiones uno pierde el poder de controlar y está creando una conmoción interna, puesto que uno no sabe lo que es correcto y atraviesa por una confusión total.

¿Por qué nos enojamos con quienes más amamos?

El ser humano se enoja con quienes más ama porque siente que esas personas son las que tienen más poder sobre él. Es distinto con las personas a las que no amamos, pues al no tener una relación cercana con ellas, es probable que aunque nos insulten nosotros los miremos simplemente con la idea de que “están cansados o aturdidos”.

En cambio, cuando la que se enoja con nosotros es una persona a la que conocemos y queremos, como tenemos la expectativa de que nos trate bien y de que nos hable de una manera determinada, entonces le ponemos condiciones que nunca va a poder cumplir.

Frecuentemente, a la gente que queremos la encadenamos en deseos que, de hecho, nos encadenan a nosotros mismos. Y no nos gusta porque simplemente no deseamos sufrir. Nadie jamás va a cumplir con todas las expectativas que yo tengo, entonces ¿por qué yo voy a encadenar a alguien a mis locas esperanzas?

Es muy importante entender que a menudo nosotros mismos estamos llenos de inseguridades y cuando las sentimos queremos que venga alguien y nos diga: “sos el mejor, sos la más bonita…”; sin embargo, cuando nos lo dicen porque lo hemos pedido, a veces pensamos que no es la verdad y, de alguna manera, nos afecta el orgullo y nos sentimos mal.

¿Cuando alguien nos pide algo insistentemente, ¿se lo queremos dar?  Seguramente no, porque uno no quiere dar por obligación.

En definitiva, ¡es mucho más fácil controlarse antes de la explosión!

Cuando empiece a sentir el menor indicio de irritación pregúntese: ¿Por qué tengo irritación? En aquel momento es muy importante reconocerlo: me siento mal, estoy irritado. Ese es el momento en el que puede cambiar.

Habitualmente, cuando estamos irritados o frustrados es porque teníamos una expectativa y esta no se cumplió. Si yo en vez de culpar a la persona que no cumple con mis expectativas me pregunto a mí mismo: ¿por qué creé esta expectativa?, entonces puedo controlar la ira y estar pendiente de mí mismo, de la creación interna y de la relación que estoy estableciendo.

En otras palabras, es esencial que nos hagamos cargo de nuestra propia sensibilidad, ya que usualmente, es ahí donde empieza el problema. Por ejemplo, ¿por qué yo siento que alguien tiene que cambiar? ¿Le castigo por ello? ¿Ya no le hablo? ¿Corto o me aíslo de esa persona? ¿Tiene sentido esta actitud de ser violento, agresivo o injusto porque esa persona no es como yo quiero? Tenemos que estar muy atentos para poder expulsar esas ideas de nuestras actitudes y reacciones.

Silencio interior y auto-observación

Como solución a este tipo de comportamientos, existen dos mecanismos que pueden practicarse gradualmente. El primero es el silencio. El silencio de la concentración profunda hacia el interior, ya que este fortalece la personalidad, la más positiva y pura. Nos permite regresar a un espacio donde de nuevo podemos sentirnos seguros. Hay una parte de nosotros que no aguanta ver partes de nuestra propia personalidad. Es por ello que, mientras más se practica el silencio y el amor propio, más puede tomarse conciencia de que la debilidad es un pequeño problema superficial que uno mismo puede curar.

No sirve de nada decirle a la demás personas sus defectos porque lo más probable es que se enojen mucho. Si la persona no quiere ver su defecto y usted se lo dice es como si estuviera ahorcándola. La madre del drogadicto, muy a menudo, es la última que se entera de que su hijo es drogadicto. Lo que sucede es que ella no lo puede aguantar, su corazón de madre no sabe qué hacer.

Si uno no tiene la práctica de estabilizarse en el amor propio, el problema invade toda mi persona hasta el punto de que llego a ser el problema y entonces no soporto verlo. Es por eso que me pierdo en relaciones sin sentido, que bebo alcohol, que soy violento o tengo otros comportamientos destructivos.

Para sentir la paz y el potencial positivo que yace en nosotros, el método ideal es la auto-observación y la meditación.

No una meditación de hablar o repetir un mantra o una oración, pues aunque todo es bueno en tanto le sirve al ser humano a ser mejor, la propuesta es el silencio, que consiste en volver a centrarnos en nosotros mismos.

En efecto, lo que suele pasarnos es que no tenemos control incluso sobre nuestra propia cabeza, nuestros pensamientos, nuestras emociones, nuestra visión, nuestra actitud y nuestra conducta. Por lo tanto, ¿cómo vamos a tener control sobre la ira si cuando me digo a mí mismo: “pensá pensamientos bonitos”, mi mente piensa: “qué tontería, pensamientos bonitos ¿para qué?”. Es así como reaccionamos, especialmente cuando estamos enojados.

Sucede que si bien somos nosotros mismos quienes nos damos una tarea, muchas veces no sabemos cumplirla. Entonces, ¿qué decimos?: “Ah, no puedo, no puedo meditar, soy hiperactivo o no puedo estar en silencio, me da miedo”. Producimos excusas y excusas para no cambiar.

Es importante aprender a focalizarse en sentimientos positivos sobre sí mismo porque la ira surge cuando el ser se pierde en un mar de negatividad. Internamente somos capaces de hacer miles de cosas con nuestros pensamientos, pero no tenemos creatividad constantemente, entonces, actuamos bajo impulsos.

La meditación es absolutamente lo contrario, es decirse internamente: “ahora quiero aprender, ahora me doy tarea y la hago”. Esto permite construir un autodominio, una autosoberanía pues si yo no tengo autosoberanía estoy en peligro de salirme de mi centro en cualquier momento.

Aunque ciertamente hemos tenido muchas carencias a lo largo de nuestra niñez, de nuestra vida,  y hemos sufrido desde el vientre de nuestra mamá, luego en la escuela y en otras situaciones, no debemos conformarnos con esto, porque es volver al patrón de víctima y cuando me considero víctima en algún momento me daré el derecho de explotar con ira por la injusticia que siento. Me diré a mí mismo que es algo justificado y me convertiré en un agresor.

Somos capaces de cambiar. Lo cierto es que en el ser hay todo un poder de paz, pero por no tomar la responsabilidad seguimos igual y no hacemos un esfuerzo por cambiar.

Un mecanismo para controlar los arranques de ira consiste en sentarse y darse tiempo antes de salir corriendo a refugiarnos en nuestras numerosas tareas. Cuando uno ama a alguien, ¿qué sucede? Lo quiere ver, le da tiempo, le da atención, le da cariño. ¿Qué hacemos con nosotros mismos? Lo cierto es que si no me amo me trato mal y si me trato mal no respondo bien.

Entonces, lo primero que hay que hacer antes de salir en la mañana y correr por todas partes, es sentarse consigo mismo y darse un tiempo de calidad, todos los días. Esto es muy importante. El jardín interior que emana de mí depende del tipo de agua y semillas que pongo. Si pongo semillas de correr, salen semillas de correr. Si ponemos semillas de incertidumbre ¿qué va a pasar? Saldrán flores de dudas y desconcierto. Lo que sembramos internamente es lo que vamos cosechando.

Por lo general amamos cosas buenas. Entonces tenemos que permitirnos el lujo de dárnoslas en vez de esperar a que nos las den, para ello tenemos que tener un  compromiso personal con nosotros mismos. Muy a menudo, si yo hago un compromiso conmigo mismo no lo cumplo, porque somos la última persona en la lista de nuestra propia atención. Nos ponemos siempre de últimos y por ello no podemos cumplir bien con todo lo demás.

El problema no es la vida diaria, sino la forma de vivir nuestra vida diaria. ¿Cuál es la diferencia entre un ser iluminado y un ser ordinario? Es su forma de vivir la vida diaria, sin embargo ambos tienen el mismo número de horas para vivir por día. Todos tenemos la misma cantidad de segundos por hora, pero el eje está en la elección de cómo decido vivir.

Se necesita muchísimo silencio y volver a amar la paz, des identificándose de las muchas expectativas que tenemos y aprender a ser felices por nosotros mismos. Esto es lo esencial, porque controlar el fuego cuando ya está encendido es difícil.

Hay que volver a tomar conciencia y aprender que tengo el derecho a no sentir negatividad. De alguna manera dependemos de las circunstancias externas para sentirnos bien y felices y eso nos enoja. Por eso, hay que volver a darse a sí mismo el derecho a sentirse bien porque uno lo merece.

Todos somos conciencias, somos energías de paz. Somos seres que nos identificamos con el paso del tiempo a cosas temporales y limitadas y por eso nunca llegamos a sentirnos a gusto. Pero la energía original es positiva.

Si nos preguntamos: ¿Qué es lo que nos gusta? ¿En qué pensamos? La respuesta es: en felicidad. Es decir, la felicidad, según nuestro corazón, es lo natural. Eso es lo que queremos; por eso cuando uno va condicionando su felicidad a cosas externas uno se siente frustrado nuevamente.

Otro método que ayuda es escribir. Es decir, estar solo con uno mismo e ir poniendo pensamientos que a uno le parecen creativos, que son bonitos, que son de autoentendimiento. No pongamos aquellos pensamientos que son de quejas como “pobrecito yo”, sino que tratemos de escribir pensamientos de reflexión profunda como: ¿Por qué quiero cambiar?, ¿qué siento qué es más poderoso en mí?, ¿cuáles son mis fortalezas, cuáles son mis cualidades? Este ejercicio es como una autoobservación e introspección positiva.

Alguien podría decir “yo no quiero estar en silencio”, lo cual es muy gracioso porque es como decir “tengo hambre pero no quiero comer”. No obstante, las personas tienen el derecho a tener hambre y no querer comer porque estamos tan llenas de contradicciones que es importante aceptarlas y no enojarse con ellas. Sin embargo, es fundamental hablarse a sí mismo todos los días y decirse “soy un ser de paz, tengo un potencial de paz que no conozco, que no suelo utilizar, pero que está allí dentro”.

 

Práctica de meditación

Me sient​o​ ​relajadamente y respiro suavemente

Siento el aire que entra a mis pulmones cuando respiro
y el que sale de mis pulmones cuando ex​h​alo,

Presto atención a mí ​respiración ​y ​

respiro cada vez más profundo y más pacíficamente

percibiendo la capacidad que tengo de centrarme ​en ​mi ​ser,

siento mi ​potencial de pa​z​.
​La paz es parte integrante de mi ​espíritu

y puedo dejar la paz fluir libremente en mi interior y disfrutar de esta experiencia.

Soy amo de mí​ mismo ​y creo mis sentimientos​, me doy cuenta de cuanto lo positivo sana y alimenta mi ser de forma beneficiosa…
Así​​ me libero de todo los pensamientos negativos concentrándome en mi capacidad de estar en paz, de amar, de percibir la belleza.

Puedo llenarme de paz y de bienestar cuando quiero porque​ la paz, la luz, el amor,​ ​son todos parte de mi ser ​ espiritual

 y por lo tanto cuando sea que quiero puedo conectarme y experimentar ​esta  riqueza interior.

En el silencio puedo ​ por un momento​  liberarme de todo lo negativo  ​dándome la meta de experimentar toda la belleza de mi ser espiritual​, de la luz y de Dios.

Dios​ está a un pensamiento de distancia y ​me conecto con El,
Puedo percibir la  Fuente de amor ilimitado y experimento su presencia y su amor incondicional
Cuando sea que quiero puedo de nuevo ​ ​conectarme con la 

​F​uente y llenarme de paz y amor

Poco a poco vuelvo a mover mis manos, manteniendo en mi esta capacidad y esta conexión.

 

Un pensamiento en “¿Cómo manejar la ira?

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