La paz como filosofía de vida

VALERIANE BERNARD THIEL         

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El tema que se va a tratar es la paz como una filosofía de vida. Para ello es importante recordarel hecho de que el espíritu humano ha sido capaz de crear todas las maravillas que conocemos: la cultura, el arte, la ciencia, y ha sido capaz de sostener a la humanidad. Es impresionante el poder que tieneel ser humano.  Sin embargo, también es necesario reconocer su poder destructivo el cual es el responsable de las guerras y atrocidades que todos conocemos.

Si queremos crear una filosofía de vida que nos lleve a la paz, debemos cuestionar qué ha creado esta filosofía de guerra de la cual nosotros somos herederos, porque los paradigmas con los que nos hemos educado existen desde antes de Jesucristo.

Si estamos motivados con el tema de la paz y la vida, debemos darnos cuenta de los cambios que debemos de realizar a fin de que exista una transformación positiva.

El hecho de que el tema de la cultura de paz haya llegado a estar tan de moda es algo que me alarma y también me alegra. Me alarma porque el nivel de riesgo ha llegado a ser tan grande que hizo que se llegara crear conciencia de la problemática, y me alegra porque gracias a estoes posible asumir el compromiso de la paz.

Nosotros como seres humanos debemos hacernos una pregunta y enfrentarnos con una realidad: ¿soy un agente de paz o no? No se trata sólo de decir que somos un agente de paz, sino de serlo realmente. Hacerse este cuestionamiento es algo esencial porque viene a darle sentido a nuestra responsabilidad y una de las cosas que acompaña a la responsabilidad es la libertad. Sin responsabilidad no hay libertad.

Ordinariamente, en nuestro mundo se cree lo contrario, se cree que cuando no se asumen las responsabilidades se puede permanecer libre y sin compromisos!

Pero sin embargo, en las personas que admiro y que me inspiran por su compromiso por la paz y su actitud de valentía para asumirlo, esta actitud es sumamente valiosa y se puede observar  que este comportamiento les ha llegado a dar una gran libertad, que es el resultado de sentirse bien con su propia conciencia.

No se trata solamente de una filosofía de vida para el propio ser, también esto implica que somos seres multiplicadores de lo que vivimos, es decir, que la experiencia que se vive es la que se comunica. Lo que la persona es se vuelve inspiración para los demás.  Por ejemplo la emoción que transmite la sonrisa de un niño de transparencia y alegría, el amor que siente una persona es lo que comunica, por lo que es algo que no tienen dueño, que no se puede vender ni comprar, pero sí se puede aumentar y transmitir.

Siento que tenemos que concientizarnos, y para esto es esencial el papel de la educación.

La educación entendida no sólo en el ámbito del Ministerio de Educación, las Universidades, y tampoco únicamente en el ámbito de la familia, sino en el del propio ser. ¿En qué medida nos hemos educado a nosotros mismos para ser pacíficos, generosos?, ¿para utilizar con responsabilidad la inteligencia? Y ¿en que medida tenemos una perspectiva positiva y beneficiosa hacia los recursos que tenemos internamente?

Por lo tanto esta educación empieza con el autoconocimiento, y con la aplicación de este autoconocimiento a la vida diaria. Se trata de poder llegar a lograr que el ser se haga dueño de sus pensamientos y que vuelva a ser aquél que dirige y desea a cada uno de ellos. Por ejemplo, no todos los pensamientos los hemos planeado ni creado a propósito, más bien, a menudo no nos sentimos muy orgullosos de ellos. Todos estos pensamientos y sentimientos son el resultado de hábitos y patrones que tenemos, los cuales muchas veces nos dominan. Un patrón negativo, se ha formado por repetición; ahora bien, si se quiere terminar con ello se debe crear un patrón diferente.

Estar en paz significa dirigir nuestro pensamiento voluntariamente hacia donde yace el potencial intrínseco de paz y crear la experiencia que deseo experimentar, es volver a ser el dueño de la producción de mis propios pensamientos: de mi mente.

Existe un juego que se dibuja en el piso: la rayuela, en el cual se tiene que empujar con el pie un pedazo de madera o una piedra, sin apoyarse en los dos pies y sin que dicho objeto se salga de los cuadros. Similarmente, tenemos que empujar nuestros pensamientos con el pie de la voluntad, es un ejercicio que requiere esfuerzos, atención y conocimiento de la fuerza y los atributos propios. De la misma manera, para poder experimentar la paz profunda que anhelamos, debemos aprender a medir nuestra fuerza y saber hacia dónde queremos dirigirla.

La experiencia de la paz es espiritual y se experimenta viviéndola. Uno de los métodos importantes que se puede utilizar para crear esta realidad de paz interna es el silencio, el recuerdo de la propia identidad de paz. Es un silencio donde se procura crear una dimensión de riqueza y paz interior, silenciando todo lo inútil, es decir, el cuadro de la realidad espiritual se dibuja pensamiento tras pensamiento, con atención, concentración y conciencia, así se construye el propio poder.

A través de la experiencia de ayudar en este proceso de educación para la paz nos hemos dado cuenta de que realmente los valores sí son los mismos para todos los seres humanos, son los que nos hacen vivir y hacen que la vida valga la pena cada día. En realidad ¿qué recuerda uno de su educación? Por lo general se recuerdan las buenas maestras y las otras que nos trataron mal. Unas supieron animarnos a ser buenos alumnos a disfrutar de la educación, y las otras nos desmotivaron.

Por ello es esencial que permitamos a los niños aprender tanto en la casa como en la escuela cuáles son sus fortalezas internas, cuál es el impacto positivo o negativo de sus acciones, sus palabras y sus pensamientos. Les permitiríamos de esta manera llegar a dirigir sus vidas con mayor éxito y satisfacción.

Las experiencias positivas o negativas que vivimos en carne propia es lo que nos permite ayudar o dañar a otros, en esto está el poder o la debilidad de la persona.

En cierta ocasión que me encontraba yo trabajando con una persona de la Caja Costarricense del Seguro Social llegó a mi conocimiento una investigación que había realizado una trabajadora social con ocho grupos de mujeres. Estos grupos se encontraban realizando un curso de parto profiláctico, y la profesional descubrió que el 90% de estas mujeres habían sido víctimas de abuso. Imagínense el efecto que la violencia tiene sobre ellas: la culpa, el dolor, el daño que puede haber quedado en lo profundo de la personalidad de cada una. Imagínense cómo esto podría tener incidencia en sus relaciones familiares, en la crianza de sus hijos. La violencia nos afecta en carne propia pero también es como un virus que contamina a los que nos rodean, tiene un efecto secundario.

Para que lleguemos a tener una cultura de paz, lo primero debería ser curarnos nosotros mismos, a fin que mañana haya paz en el mundo, y siento que el espíritu humano sí la puede crear, pero es parte de un trabajo muy personal, espiritual y que le corresponde realizar a cada uno de nosotros.

Es importante ver que la negatividad, a pesar de que nos ha afectado, también constituye una motivación para recuperarnos y ayudar a la sociedad en que vivimos a recuperarse y la forma de hacerlo es utilizando el poder de nuestra creatividad como un arma positiva en nuestra vida. Cuando nosotros hacemos un uso óptimo de nuestro potencial en nuestras relaciones, tanto con el propio ser, como con los demás, con la materia, la naturaleza, tenemos la posibilidad de ayudar a otros a utilizarlo.  Es respetando al propio ser que se puede respetar a los demás y a la naturaleza.

En el entorno de la comunidad también es posible utilizar el recurso de las fuerzas propias para beneficiar tanto a la sociedad y como al propio ser. Por ejemplo, en Argentina tengo una amiga que trabaja en el proyecto “Despiértate Argentina”, donde miles de personas están tratando de ver con una visión positiva y creativa, cuáles son las soluciones a los problemas del país.

Hay una frase de Einstein que me fascina porque obliga a una apertura de la mente. El explicó que no se puede resolver un problema pensando con los mismos paradigmas que crearon el problema. Cuando se le preguntó cómo había hecho para encontrar todas las teorías que él aportó dijo una vez que él se imaginó cómo pensaría él si estuviera sentado en un rayo de luz y viajando a la velocidad de la luz. Las perspectivas en las que se fundamenta el pensamiento del ser humano lo llevan hacia donde él quiere ir. Es decir, lo que creemos define la forma en que vemos el mundo.

En Estados Unidos se hizo el siguiente experimento: a un profesor lo nombraron en una clase a cuyos estudiantes no conocía, y se le mostró un tercio de ellos diciéndole que eran inteligentes, exitosos; otro tercio que eran futuros delincuentes, casos sin esperanza; y un tercer grupo que estaba en un término medio. Después de 6 meses en que el profesor se desempeñó  como tal en esta clase, los que le habían enseñado como muy buenos se desempañaron muy bien, los que estaban en un término medio permanecieron igual, y los que le habían dicho que eran malos obtuvieron muy malas calificaciones. En realidad, para el propósito del experimento, se le habían mostrado al profesor como buenos los que realmente eran malos, y como malos los que en realidad eran buenos. Este experimento se repitió varias veces en diversas clases y se obtuvieron los mismos resultados.

Se puede concluir que el poder de la visión del profesor, es decir, la forma en que se dirigía a los estudiantes, el hecho de que en sus explicaciones tomara mas en cuenta a algunos de ellos, debió ser parte de lo que creó esta gran diferencia.

Con base en esta experiencia trabajaron con muchachos que habían reprobado el bachillerato por tercera y cuarta vez, y 19 de 20 lograron pasarlo. El poder de convicción, el poder que se transmite cuando se cree en alguien o cuando no se cree, es fenomenal. El poder que se da uno a sí mismo por creer o no en uno mismo también es impresionante. En la educación y en el trabajo es esencial que sepamos enfrentar esta realidad.

Somos todos responsables del mañana, es decir, por medio de lo que yo hago, de mi trabajo y mi forma de entregarme al mundo es que creo lo que habrá en el mañana. ¿De dónde saldrían las cosas si no fuera de nosotros?

El verdadero poder del ser humano está en no dejar a los demás la responsabilidad de la realización de las maravillas que debemos realizar todos y cada uno.

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