El arte de la paciencia

por Marianne Lizana

[Descargar pdf]

Cuando uno vive en un estado de desequilibrio hay reacciones impulsivas: enojo, miedo o estrés. Por ejemplo: empezó a llover y no tenía sombrilla. ¿Cuál es la primera reacción?.
Si se guarda un momento de calma y uno puede hacer una pausa y detenerse; se puede tomar una decisión con objetividad y claridad..

Es al momento de darse cuenta de este malestar interior, que uno siente la necesidad de inculcar la paciencia en su vida, para volver a un estado de serenidad y recuperar la alegría del ser.

Volviendo al ejemplo del clima: empieza a llover, uno no puede hacer que deje de llover, no le toca ¿Qué puedo cambiar? Si iba a salir tendré que pensar en un medio de transporte adecuado, sacar la sombrilla, etc. Uno se puede amoldar, pero el clima no.

La paciencia le permite a la vida seguir su curso. No se actúa agresivamente contra ninguna circunstancia. Uno decide la manera de afrontar la situación.

Ahora que está de moda y a todo el mundo le gustan los test, que tal sería si uno se hiciera un test de la paciencia, para medir la gravedad de nuestra situación y saber cuál medicina se necesita tomar.

Uno se podría plantear las siguientes preguntas de reflexión.

1) ¿Cómo reacciono frente a circunstancias inesperadas?

2)¿Siento que la vida se mueve muy rápido o muy lento en relación con las metas que me he propuesto alcanzar?

3) ¿A menudo me siento frustrada o frustrado con las personas en la familia, trabajo, etc.?

Si uno se hace esas preguntas, ¿cuál sería el resultado?

Es necesario descubrirse y entender con claridad que hay emociones que nos invaden con cierta frecuencia, como son el enojo, las preocupaciones, el mal humor, entre otras; que han llegado a ser la manera “natural” de vivir.

Es al momento de darse cuenta de este malestar interior, que uno siente la necesidad de inculcar la paciencia en su vida, para volver a un estado de serenidad y recuperar la alegría del ser.

Para cambiar y aprender el arte de la paciencia hay que saber por dónde empezar, por lo que seguidamente se presentan una serie de trucos para el desarrollo del ser que, al practicarse, dan frutos inmediatos:

– Volver al equilibrio:

Equilibrio es el momento de quietud, de paz, antes de la reacción antes de cualquier circunstancia. Es un estado interno donde uno se detiene, hace silencio y luego actúa.

Cuando uno vive en un estado de desequilibrio hay reacciones impulsivas: enojo, miedo o estrés. Por ejemplo: empezó a llover y no tenía sombrilla. ¿Cuál es la primera reacción?. Si se guarda un momento de calma, se hace una pausa y se detiene por un momento; se puede tomar una decisión con objetividad y claridad.

La figura que tradicionalmente se utiliza para simbolizar el equilibrio es una balanza, dos platos unidos por un fiel en medio. Cuando el fiel está totalmente recto se puede medir muy bien la situación, pero cuando está torcido no se puede saber el peso verdadero. El fiel es nuestro estado interior y hasta que haya logrado mantenerme en el centro, concentrada, en un estado de introspección, se puede valorar la situación con claridad.

– Aprender a discernir:

Entender lo que se puede cambiar o no.

Volviendo al ejemplo del clima: empieza a llover, uno no puede hacer que deje de llover, no le toca ¿Qué puedo cambiar? Si iba a salir tendré que pensar en un medio de transporte adecuado, sacar la sombrilla, etc. Uno se puede amoldar, pero el clima no.

A nivel de relaciones con los demás lo que más frustra es estar detrás de un cambio de otro, eso genera mucha impaciencia. Los mayores enojos se producen cuando uno tiene la expectativa de que alguien haga lo que uno quiere que haga.

“Ya les he dicho mil veces que laven sus platos”, “Todo lo que les digo no me hacen caso”. Y entre mayor es la frustración uno más presiona y ¿cuál es el resultado? Más frustración.

Cuando hay esa conciencia se genera autoritarismo y el hábito de criticar a otros. Uno se pone en el papel de director de cine y se llega a creer indispensable: “todo continúa bien gracias a que yo estoy”.

Esa visión tiene sus pros y contras:

Contras: el agotamiento porque “yo soy todo, todo lo puedo, todo lo hago, todo se mueve gracias a mí, no puedo descansar”.

Los pros: hay recompensa al ego, la identidad, “soy alguien porque todos me necesitan”, “si no estoy en esa oficina nada camina, si no estoy en la casa todo se hace mal”.

Claro está, uno tiene papeles que desempeñar, pero no siempre necesita hacerlo todo uno. Eso significa que otros también pueden contribuir a que las cosas caminen bien. Dar un espacio al ser para que este en paz y que los demás estén en paz, dejarse vivir y dejar vivir a los demás. Hay que aportar lo mejor de si, pero no se puede resolver todo.

A veces uno asume el papel de “todopoderoso”, queriendo manejarlo todo, solucionarlo todo: curar a los enfermos, alegrar a los decaídos, etc. Lo cual llega a ser una gran carga. Sin embargo, ese papel de “Todopoderoso”, es solo del Único Ser Supremo.

En este mundo hay una fuerte inclinación hacia el materialismo por lo que se vive con mucho estrés. Se entiende como éxito la prosperidad económica sin importar si se es feliz o no. Esto a veces es causa de tensión para los padres que tienen la presión de inculcar en sus hijos la necesidad de ganar dinero, y por lo tanto calzar con los modelos tradicionales de educación.

Otras veces, las personas hacen un gran esfuerzo para alcanzar la vocación en la vida, una meta; y todos los días se estresan tanto para lograrlo. Pero si la prioridad era ser feliz y hay angustia, la prioridad se olvidó.

Igual uno puede trabajar, cuidar del hogar, estudiar, pero la prioridad es hacerlo feliz. Se puede hacer lo mismo pero de buen humor, con actitud tranquila, apacible, amorosa.

A menudo uno está muy impaciente e internamente tiene angustia, que se traduce a muchos pensamientos inútiles: “porqué, será que está mal, etc.”

En esos momentos uno debe recordar que todos los esfuerzos que se hagan con determinación nunca son en vano, uno va a tener logros. Muchas veces se usa la expresión: “Perdí tantos años de mi vida”. Pero uno nunca pierde años, sino que todo el tiempo ha sido una ganancia, ya sea en preparación, de aprendizaje, de crecimiento.

Un señor intentaba crear un bombillo, llevaba miles de intentos y no lo lograba. Otro señor, de repente lo logró hacer.
Entonces le preguntaron al primero: -no se siente frustrado que después de tantos intentos llegue este otro y consiga hacerlo en tan poco tiempo.-
A lo cual respondió: -no, porque ahora yo sé mil formas de cómo no hacer el bombillo-

Cuando dejamos de tener esperanza es que empieza la frustración.

La paciencia le permite a la vida seguir su curso. No se actúa agresivamente contra ninguna circunstancia; si hay fila en el banco uno la aprovecha para meditar, de todas formas la fila seguirá ahí. Uno decide la manera de afrontar la situación. Cuando no hay rechazo hay paz y por lo tanto hay beneficio.

Cada cosa tiene su ritmo y uno tiene la capacidad de frenar el propio ritmo y desacelerarse, aceptar el ritmo de las circunstancias y moverse de acuerdo a ellas.

La vida es como un baile, si uno no baila bien es porque no sabe adaptarse a los ritmos de los otros. Puede que los demás no tengan los mismos intereses que uno, sin embargo, uno puede continuamente tener un estado espiritual interno que motive a los demás.

Hace unos años se hizo un proyecto para adultos mayores y una lección aprendida fue que el ritmo de uno es distinto conforme van pasando los años y uno se hace mayor.

Se quería pasar un cuestionario con 10 preguntas a este grupo de personas adultas mayores, calculando que en 15 minutos ya iban estar resueltas, pero se tardó toda una hora, porque ellos las respondían sin ninguna prisa. A partir de allí se aprendió que la cantidad de actividades que se debían hacer era mucho menor.

¿Qué hubiera pasado en esa circunstancia si uno piensa que ellos son los que están mal y que deberían ir al ritmo que uno había propuesto?, Hubiera habido enojo, frustración y hasta actitudes negativas hacia el grupo.

La paciencia implica aprender a utilizar el tiempo en pensamientos positivos y no desperdiciarlo con actitudes inútiles.

Uno podría hacer prácticas regulares para desarrollar la paciencia: sentarse media hora solamente concentrándose en mantener un estado interior de paz.
Podría aprender a caminar más lento, disfrutar comer despacio, etc. La paciencia es aprender en vivir en paz, siempre.

En la medida que uno cambia la actitud puede hacer las mismas cosas con más eficiencia, más concentración, más paz logrando influenciar el ambiente.

El valor de cada uno es inmenso, y nadie pierde el valor como ser espiritual y único. Reforzando ese valor interior uno puede tener paciencia, y dejar de presionarse a sí mismo y a otros, ya que la vida trae todos los días experiencias y tesoros, y no es algo que sólo vendrá en algún momento futuro.

Si uno quiere enseñarle a los hijos e hijas ese valor interior, puede modelarlo y hacer con disciplina la propia meditación diaria.

[Descargar pdf]

2 pensamientos en “El arte de la paciencia

  1. Extremadamente hermoso y ùtil, definitivamente el Alma Suprema sigue utilizando Brahma para guiarme y alentarme, un abrazo enorme a todos y as!!
    Mil bendiciones Om shanti.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *